La sostenida baja del riesgo país vuelve a encender las expectativas sobre un eventual regreso de la Argentina a los mercados internacionales de deuda, un paso clave para el financiamiento de largo plazo y la estabilidad macroeconómica.

Imagen: Clarín
El riesgo país argentino, medido por el índice que elabora JP Morgan, se ubica en torno a los 476 puntos básicos, un nivel que no se veía desde junio de 2018. La caída se da en un contexto de mayor calma financiera y mejora en la percepción de los inversores sobre la capacidad del país para honrar sus compromisos.
Este indicador refleja el sobrecosto que la Argentina debería pagar para endeudarse en relación con los bonos del Tesoro de Estados Unidos, considerados libres de riesgo. Cuanto más bajo es el número, menor es la desconfianza del mercado y, en consecuencia, más accesible se vuelve el crédito externo.
Bonos argentinos, entre los de mejor desempeño de la región
En lo que va del año, los bonos soberanos argentinos en dólares se ubican entre los activos de mejor rendimiento en América Latina. Excluyendo a Venezuela, que sigue aislada de los mercados, los títulos locales lideran el rally regional, impulsados por la expectativa de una política económica más previsible.
Analistas financieros señalan que la compresión del riesgo país se explica por una combinación de factores: mayor disciplina fiscal, moderación en la emisión monetaria y señales de negociación con organismos internacionales. Sin embargo, advierten que el recorrido no está garantizado y que cualquier cambio en el frente político puede impactar rápidamente en las cotizaciones.
La mejora en los precios de los bonos también se apoya en un contexto global de apetito por activos emergentes, donde algunos fondos de inversión vuelven a mirar oportunidades de mayor riesgo a cambio de rendimientos más altos. En ese escenario, Argentina reaparece en el radar, aunque todavía con cautela.
¿Qué implica un riesgo país por debajo de los 500 puntos?
Un riesgo país por debajo de los 500 puntos abre la puerta a discutir un eventual regreso a los mercados voluntarios de deuda. Para que eso ocurra de manera sostenible, especialistas remarcan que se necesita consolidar un programa económico creíble, reducir la inflación y mostrar capacidad de generación de dólares genuinos a través de exportaciones.
De concretarse un retorno ordenado al crédito externo, el Gobierno podría acceder a financiamiento a tasas más bajas para refinanciar vencimientos, impulsar obras de infraestructura y dar previsibilidad al sector privado. No obstante, el historial de crisis recurrentes obliga a los inversores a exigir señales claras antes de arriesgar capital.
Por el momento, la baja del indicador se traduce en mejores precios para los tenedores actuales de deuda argentina y en una sensación de alivio en los mercados. El desafío es transformar este rebote financiero en una mejora concreta para la economía real, el empleo y el poder adquisitivo de los hogares.
¿Qué miran los inversores de cara a los próximos meses?
En el corto plazo, los mercados estarán atentos a la evolución del déficit fiscal, la política cambiaria y la renegociación de compromisos con acreedores internacionales. También seguirán de cerca la dinámica inflacionaria y la capacidad del Banco Central para sostener la estabilidad financiera.
Entre los elementos que podrían consolidar la tendencia se destacan:
- La aprobación de reformas estructurales que mejoren la previsibilidad.
- Un sendero de baja de la inflación sostenido en el tiempo.
- Mayor ingreso de dólares comerciales por exportaciones.
- Acuerdos estables con organismos multilaterales.
Si estos factores se confirman, la Argentina podría empezar a cerrar la brecha con otros países de la región que hoy acceden al crédito a tasas mucho más bajas. De lo contrario, el avance actual podría quedar en un episodio aislado dentro de la larga historia de volatilidad financiera del país.



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