El día que Albert Einstein estuvo en Rosario

El reconocido físico alemán Albert Einstein visitó la ciudad de Rosario en abril de 1925. Una anécdota en el corazón de la Estación Rosario Norte.

Foto: Imagen ilustrativa

Era un martes 14 de abril de 1925 y la ciudad de Rosario vivía una escena insólita para su historia: el genio detrás de la Teoría de la Relatividad descendía de un tren en la Estación Rosario Norte. Albert Einstein, el físico más célebre del siglo XX, llegaba desde Córdoba como parte de su gira académica por la Argentina.

El viaje formaba parte de un extenso periplo de conferencias científicas organizadas por la Universidad de Buenos Aires y la Sociedad Hebraica Argentina. Aunque en Rosario no ofreció ninguna charla, el simple hecho de que pisara suelo local despertó enorme curiosidad y entusiasmo.

Apenas bajó del tren, fue recibido por un comité de bienvenida donde se encontraba el reconocido psiquiatra rosarino Teodoro Fracassi, figura clave en la medicina local y quien, con el tiempo, sería decano de la Facultad de Medicina y creador de la cátedra de Neurocirugía. Fracassi, además, tenía un punto a favor: dominaba el alemán, lo que le permitió mantener un diálogo directo con el visitante ilustre.

Albert Einstein junto al Doctor Teodoro Fracassi (derecha) y otras autoridades de la UBA.

Einstein se mostró sorprendido por la calidez del recibimiento. Crónicas de la época relataban que el físico agradeció con gestos y sonrisas cada muestra de afecto. Incluso, al partir, saludó desde la ventanilla del tren en varias ocasiones, cautivado por la multitud que se había acercado solo para verlo.

Aunque su estadía fue breve (apenas un par de horas), la leyenda local dice que incluso habría hecho una parada fugaz en el tradicional bar “El Riel”, ubicado cerca de la estación. No hay registros oficiales que lo confirmen, pero la historia sigue viva en el imaginario rosarino.

Einstein había llegado al país por barco semanas antes, tras hacer escala en Río de Janeiro y Montevideo. Durante su visita a Argentina, que duró un mes, brindó una docena de conferencias en Buenos Aires, en instituciones como la Facultad de Ciencias Exactas y el Colegio Nacional, acompañado por académicos de la Universidad de Buenos Aires.

Su objetivo no era solo compartir sus teorías, sino asegurarse de que fueran comprendidas correctamente y sin distorsiones. Consideraba que en Argentina había mentes capaces de abordarlas en profundidad.

Aunque Rosario no fue sede de ninguna de sus charlas, el simple paso del científico por la ciudad dejó una anécdota que hoy forma parte del archivo de rarezas y momentos singulares que salpican la historia local.

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