Sociedad

El desperdicio de comida apta de los argentinos es de 38kg al año: qué se puede hacer para evitarlo

El desperdicio de comida apta de los argentinos es de 38kg al año

Frutas, verduras, lácteos y panificados encabezan la lista de alimentos que terminan en la basura. La falta de planificación, las compras excesivas y una mala conservación explican buena parte del desperdicio doméstico.

Hay alimentos que se compran, llegan a la heladera y, unos días después, terminan en el tacho de basura sin siquiera haber sido consumidos. En Argentina, esa escena cotidiana tiene una dimensión considerable. Y es que, cada persona descarta, en promedio, 38 kilos de comida apta para el consumo por año.

Las frutas y verduras frescas, los lácteos y los panificados se encuentran entre los productos que más se desperdician en los hogares. Así lo explicó el licenciado en Nutrición Franco Monnerais (M.P. 4.940) del Colegio de Nutricionistas de la Provincia de Buenos Aires.

El dato argentino forma parte de un problema que atraviesa al mundo entero. De acuerdo con cifras de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), alrededor de 1.300 millones de toneladas de alimentos en buen estado se desechan cada año.

El desperdicio de comida apta de los argentinos es de 38kg al año

La problemática tiene dos dimensiones. Por un lado está la pérdida de alimentos. Esta puede producirse durante las etapas de producción, cosecha, almacenamiento, transporte y distribución debido a problemas técnicos, logísticos, de infraestructura o a fenómenos climáticos.

Por otro, aparece el desperdicio. Ocurre cuando alimentos que todavía son aptos para ser consumidos terminan descartados por decisiones que, en muchos casos, podrían evitarse. Comprar más de lo necesario, no planificar las comidas, conservar incorrectamente los productos o descartar alimentos por su apariencia son algunas de las situaciones que contribuyen a engrosar esa cifra.

La FAO estima que cerca del 14% de los alimentos se pierde entre la cosecha y la distribución, mientras que otro 17% se desperdicia en el comercio minorista y los hogares.

Frente a este escenario, el Colegio de Nutricionistas bonaerense recomienda incorporar algunos hábitos sencillos para reducir el desperdicio en casa. El primero es revisar qué hay disponible antes de salir a comprar. A partir de allí, conviene planificar las comidas posibles y adquirir únicamente aquello que tenga un destino concreto.

También se recomienda aplicar el principio FIFO (First In, First Out): consumir primero los productos que fueron comprados primero. Una forma práctica de hacerlo es colocar los alimentos más antiguos adelante y los recién comprados detrás.

El orden dentro de la heladera también importa. Los alimentos cocidos y las sobras deberían ubicarse en los estantes superiores; los lácteos y huevos, en los sectores medios; las carnes, en recipientes cerrados y en el estante inferior; y las frutas y verduras, en los cajones destinados para ellas.

De la sobra a una nueva comida

Otra estrategia consiste en dejar de pensar las sobras como residuos y convertirlas en ingredientes para una nueva preparación. Un resto de verduras puede terminar en una tortilla o un salteado; otros alimentos pueden reutilizarse en sopas y diferentes recetas. También se pueden aprovechar partes que habitualmente se descartan, como tallos, hojas o cáscaras limpias, siempre que sean aptas para el consumo y estén correctamente higienizadas.

Para quienes congelan alimentos, los especialistas aconsejan rotular las preparaciones con la fecha, blanquear los vegetales antes de llevarlos al freezer y descongelar siempre dentro de la heladera.

En cuanto a las sobras, deben refrigerarse en un plazo inferior a dos horas y, al momento de consumirlas nuevamente, recalentarse por completo y a alta temperatura, una sola vez.

Un problema que empieza con una compra de más

Reducir el desperdicio de alimentos no necesariamente requiere grandes cambios. Muchas veces, el primer paso consiste en algo tan simple como mirar la heladera antes de hacer las compras, calcular cuánto se va a consumir y encontrarle un destino a lo que quedó de la comida anterior.

La dimensión del problema llevó a la Asamblea General de las Naciones Unidas a establecer el 29 de septiembre como el Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, una fecha destinada a visibilizar el impacto del desperdicio y promover acciones para reducirlo.

Porque detrás de esos 38 kilos anuales por persona no hay solamente comida que termina en la basura: también hay recursos utilizados para producirla, transportarla y conservarla que se pierden cuando ese alimento nunca llega a ser consumido.

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Rosario La Ciudad

Redacción Central