El Chaqueño Palavecino volvió a quedar en el centro de la escena tras responder con dureza a las cantantes que lo cuestionaron por haber invitado a Javier Milei al escenario del Festival de Jesús María. El cruce, que se dio en medio del clima festivalero de verano, reavivó la grieta política dentro del folclore.

En declaraciones recientes, el reconocido folclorista se refirió a las críticas de Luciana Jury y Susy Shock por su gesto hacia el presidente en Jesús María. Con un tono tajante, aseguró: “Alcahuete no soy” y minimizó el peso de sus detractoras al remarcar que no sabía quiénes eran.
El episodio se suma a la larga lista de cruces entre artistas y dirigentes políticos que se intensificaron durante los últimos años. La participación de Milei en festivales tradicionales del interior generó posiciones enfrentadas dentro del propio ambiente del folclore, donde conviven posturas diversas sobre la coyuntura nacional.
Un cruce que expone la grieta en el folclore
Jury y Shock habían cuestionado públicamente a Palavecino por haber subido al escenario a Milei en Jesús María, al considerar que se trató de un gesto de apoyo político. El cantante, en cambio, sostuvo que su actitud respondió a una tradición festivalera de invitar a figuras presentes y negó que se trate de una actitud servil hacia el poder.
“Yo invito a quien está ahí, no soy alcahuete de nadie”, fue la idea que buscó remarcar el músico, uno de los más convocantes del circuito folclórico nacional. También subrayó que, a lo largo de su carrera, compartió escenario con funcionarios y referentes de distintos espacios políticos sin alinearse orgánicamente con ninguno.
La discusión volvió a poner en primer plano el rol de los artistas populares y la expectativa social de que se pronuncien, o no, sobre temas políticos. Mientras algunos consideran que deben mantener neutralidad, otros reclaman que se posicionen frente a las medidas del Gobierno y al contexto económico y social.
Festivales masivos, política y opinión pública
Los grandes festivales de verano, como Cosquín y Jesús María, se convirtieron históricamente en vidrieras culturales de alcance nacional. Allí confluyen tradición, turismo y un fuerte impacto mediático, lo que transforma cada gesto en un mensaje que rápidamente se multiplica en redes sociales y medios.
En ese escenario, la presencia de Milei en el mundo del folclore genera lecturas cruzadas. Para un sector, su participación representa el respaldo de parte del público a su proyecto político. Para otro, en cambio, implica una politización excesiva de espacios que deberían priorizar la música y la cultura regional.
Las reacciones a favor y en contra muestran cómo la agenda política atraviesa cada vez más la vida cultural. Las opiniones de músicos, escritoras y artistas en general se vuelven insumos permanentes para el debate público, en un clima de alta polarización.
Mientras tanto, los festivales siguen convocando multitudes en todo el país. En medio de esa masividad, episodios como el cruce entre Palavecino, Jury y Shock funcionan como termómetro del humor social y de la tensión que se vive entre espectáculo, tradición y poder político.



Comentarios