Dos sismos en el océano Atlántico, de magnitud 6,8 y 6,7, se registraron con pocas horas de diferencia y encendieron la atención de los servicios geológicos internacionales.
De acuerdo a los reportes preliminares, ambos terremotos en el Atlántico se produjeron a unos 10 kilómetros de profundidad sobre la dorsal mesoatlántica, entre África y Sudamérica. La diferencia entre uno y otro fue de algo más de seis horas, pero se mantuvieron dentro de la misma zona oceánica.
Los organismos especializados remarcaron que magnitudes cercanas a 7 en la escala de Richter representan movimientos fuertes, capaces de liberar una gran cantidad de energía, aun cuando se originan mar adentro y lejos de grandes centros urbanos.
Al tratarse de un sector oceánico, los sistemas de monitoreo analizaron de inmediato si los eventos podían asociarse a cambios bruscos en el nivel del mar. Hasta el momento, los datos disponibles solo confirman la ocurrencia casi encadenada de estos sismos en el Atlántico.
La profundidad de alrededor de 10 kilómetros coincide con lo que suele observarse en fallas activas de la corteza terrestre. Sin embargo, los especialistas insisten en que se necesitan más mediciones para precisar el tipo de ruptura involucrada.
Monitoreo sísmico permanente
Aunque estos terremotos en el Atlántico no se registraron cerca de la costa, forman parte de la actividad normal de las placas tectónicas. Los centros de alerta continuarán siguiendo la evolución de la zona para detectar posibles réplicas o nuevas liberaciones de energía.
