Central reaccionó a tiempo en Córdoba y, con un doblete de Ángel Di María, consiguió un empate ante Talleres después de estar dos goles abajo.
El partido en Córdoba se le presentó cuesta arriba a Central, que quedó 2-0 abajo ante un Talleres efectivo y dominante en el inicio. El Canalla sufría en defensa y no encontraba los caminos para responder.
Pero cuando el escenario parecía cerrado, apareció la jerarquía de Ángel Di María. El campeón del mundo tomó la pelota, pidió todas las pelotas decisivas y se cargó al equipo al hombro para ir a buscar el descuento.
Con su desequilibrio habitual, generó espacios, se conectó con sus compañeros en ataque y encontró los huecos en la última línea local. Así llegó el penal que le dio el primer gol y le devolvió vida a Central y encendió a la multitud canalla.
Lejos de conformarse, el conjunto rosarino siguió presionando alto. Talleres se retrasó y empezó a sentir el impacto anímico del descuento. En ese contexto, Fideo volvió a aparecer dentro del área para marcar el 2-2 definitivo y sellar una remontada clave.
Más allá del punto, el empate deja una señal fuerte: con Di María encendido, Rosario Central siempre tiene una vida extra para pelear los partidos, aun en los escenarios más adversos.