La investigación por el presunto autoatentado denunciado por Norma Acosta sumó un nuevo capítulo: una mujer vinculada a un ex jefe de la barra de Newell’s quedó detenida, acusada de haber gestionado a los tiradores para montar la balacera del 7 de mayo en la zona oeste de Rosario.

De acuerdo a fuentes judiciales, la mujer mantiene una relación sentimental con “Jija” Avejera, señalado históricamente como ex gerente de la barra brava de Newell’s Old Boys en representación de la banda narco Los Monos. Los investigadores la apuntan como nexo con el bajomundo para concretar la balacera ocurrida el 7 de mayo en Larguía al 3400.
Ese ataque, denunciado inicialmente como una amenaza contra la propia Norma Acosta, hoy se analiza como una posible operación de falsa bandera. La hipótesis central es que se trató de un autoatentado armado para redirigir responsabilidades hacia efectivos policiales y condicionar causas en trámite.
La maniobra investigada: un autoatentado para culpar a la policía
En el marco del expediente, un testimonio clave asegura que “ella se hizo autotirar porque le quiere echar la culpa a la policía”. Esa declaración reforzó la línea de trabajo de la fiscalía, que ya ordenó la detención de Acosta y ahora avanzó sobre el presunto círculo de apoyo utilizado para contratar a los gatilleros.
El hecho tuvo lugar en una vivienda de Larguía al 3400, en la zona oeste de Rosario, donde se registraron disparos contra la fachada. Si bien no hubo heridos, el ataque generó fuerte preocupación en el barrio y reavivó el debate sobre las balaceras como mecanismo de presión y mensaje mafioso en la ciudad.
Para los investigadores, la estructura detrás del hecho no responde solo a un conflicto vecinal o personal, sino a una trama donde confluyen barras bravas, narcomenudeo y disputas internas. El rol de la pareja de Avejera habría sido el de coordinar a los tiradores y garantizar que el ataque se concretara en los términos acordados.
Vínculos con la barra de Newell’s y Los Monos
El nombre de “Jija” Avejera no es nuevo en los expedientes rosarinos. Durante años fue señalado como pieza clave en la administración de la barra leprosa, articulando negocios ilegales, manejo de entradas y vínculos con referentes de Los Monos. Esa alianza entre tribuna y delito organizado es uno de los ejes que el Ministerio Público viene siguiendo de cerca.
La detención de su pareja suma presión sobre ese entramado y podría derivar en nuevas imputaciones. Los fiscales buscarán determinar si el ataque del 7 de mayo fue un episodio aislado o parte de una estrategia más amplia para influir en causas judiciales, abrir frentes de conflicto o negociar con sectores de las fuerzas de seguridad.
En paralelo, se esperan peritajes sobre comunicaciones telefónicas, cámaras de la zona y posibles vehículos usados por los tiradores. La fiscalía no descarta que, a partir de estos elementos, puedan surgir más órdenes de detención.
Rosario, otra vez atravesada por las balaceras
El caso vuelve a exponer cómo las balaceras se consolidaron como un mecanismo de extorsión y mensaje en Rosario. En los últimos años, ataques a viviendas, comercios y edificios públicos se convirtieron en un fenómeno recurrente, muchas veces vinculado a disputas narco, aprietes económicos o intentos de condicionar decisiones judiciales.
Desde el gobierno provincial y el municipio se insiste en la necesidad de sostener operativos conjuntos, fortalecer la investigación criminal y avanzar sobre las economías ilegales que alimentan a estas organizaciones. Sin embargo, la sucesión de episodios demuestra que la trama de violencia sigue activa y muta en busca de nuevos modos de presión.
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