Una especialista en nutrición advierte que un desayuno basado solo en fruta puede jugar en contra del equilibrio de glucosa y de la energía con la que arrancamos la jornada. La clave, sostiene, está en combinar correctamente el pan, la fruta y una buena porción de proteína.

La nutricionista española Ángela Quintas remarca la importancia de estructurar bien el primer alimento del día. Su recomendación es clara: “que se llene el pan, no un poquito”, en referencia a incorporar una porción suficiente de proteínas de calidad que acompañe a la fruta y a la rebanada de pan.
Según la especialista, cuando el desayuno se limita solo a fruta o a pan blanco, el organismo puede experimentar picos rápidos de glucosa en sangre seguidos de una caída brusca. Esa montaña rusa de azúcar genera más hambre, cansancio y dificultad para concentrarse a media mañana.
Por el contrario, sumar una fuente de proteína ayuda a modular la respuesta glucémica. Al digerirse más lentamente, las proteínas hacen que la energía se libere de forma más estable, lo que se traduce en mayor saciedad y en una mejor capacidad para encarar las actividades del día.
Qué proteínas sumar al desayuno
En una alimentación cotidiana, se pueden incluir opciones como huevos, quesos frescos, yogur natural, leche, ricota o fiambres magros. También son alternativas válidas los frutos secos, la mantequilla de maní sin azúcar agregada o el tofu, según las preferencias de cada persona.
La idea no es armar un desayuno excesivo, sino lograr una combinación equilibrada: una rebanada de pan, una fruta y una cantidad suficiente de proteína que “llene” ese pan, como indica Quintas. De este modo, se consigue un mayor aporte de nutrientes esenciales, sin abusar de los azúcares simples.
Distintos consensos de sociedades médicas recomiendan repartir la ingesta diaria de proteínas a lo largo de todas las comidas, y no concentrarla solo en el almuerzo o la cena. Incluirlas desde el desayuno puede ser clave para la salud muscular, el control del peso y el rendimiento físico e intelectual.
Impacto en la energía y en la fuerza para el resto del día
Cuando el desayuno combina carbohidratos complejos, frutas y proteínas, la curva de glucosa se mantiene más estable. Eso se traduce en menos “bajones” de energía y en una mejor predisposición para realizar tareas físicas o intelectuales durante la mañana.
En personas activas, sumar proteína en la primera comida del día también contribuye a proteger la masa muscular, sobre todo en quienes entrenan temprano o pasan varias horas sin volver a comer. La sensación de fuerza y estabilidad a lo largo de la jornada suele ser superior frente a un desayuno únicamente dulce.
Los especialistas insisten en que no existe un único desayuno ideal, pero sí criterios generales: evitar el exceso de azúcar libre, priorizar alimentos frescos y aprovechar la proteína para equilibrar la respuesta metabólica. En ese marco, la propuesta de “llenar el pan” con buenos alimentos se vuelve una guía práctica para aplicar en la rutina diaria.




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