Cuba dejó abierta la posibilidad de retomar un canal formal de conversación con Estados Unidos, pero marcó con claridad sus condiciones políticas y económicas en un contexto de fuerte tensión bilateral.

Cuba responde a las amenazas de Trump
El presidente cubano Miguel Díaz-Canel afirmó que la isla está “dispuesta a un diálogo” con Estados Unidos, pero advirtió que ese acercamiento solo será posible sin presiones ni amenazas. Sus declaraciones llegan luego de que Donald Trump, favorito en la interna republicana de cara a las elecciones estadounidenses, endureciera su discurso contra el gobierno de La Habana.
Díaz-Canel planteó que Cuba no se niega a recomponer la relación bilateral, pero que no aceptará condicionamientos que, según el gobierno cubano, vulneran su soberanía. La administración de la isla viene denunciando en foros internacionales el impacto del embargo económico y las sanciones impulsadas por Washington.
Falta de combustible y presión económica
En el mismo mensaje, el mandatario confirmó que Cuba no recibe combustible del exterior desde diciembre, un dato que agrava el cuadro económico y social. La escasez de energía ya provocó cortes de luz prolongados, limitaciones en el transporte y restricciones en la actividad productiva.
Según el gobierno cubano, esta situación se vincula de manera directa con las presiones de Estados Unidos sobre países y empresas que podrían abastecer a la isla. El endurecimiento de las sanciones financieras complica las operaciones de pago y encarece el acceso a combustibles en un mercado global tensionado por otros conflictos geopolíticos.
La combinación de bloqueo económico, baja disponibilidad de divisas y parálisis en el suministro de energía empuja a Cuba a un escenario de crisis prolongada, con impacto en la vida cotidiana de la población y en sectores clave como el turismo, uno de los motores tradicionales de ingresos.
Diálogo condicionado y clima electoral en EE.UU.
Las advertencias de Trump se inscriben en un clima electoral donde la política hacia Cuba vuelve a ser utilizada como bandera interna, sobre todo en estados clave como Florida. El tono de campaña suele traducirse en discursos más duros y en propuestas de recrudecimiento de sanciones.
Desde La Habana, la respuesta apunta a mostrarse abierta a una negociación, pero al mismo tiempo a dejar en claro que no habrá concesiones unilaterales. El gobierno insiste en que cualquier acercamiento debería contemplar la revisión del embargo y de las medidas que figuran en la lista de países patrocinadores del terrorismo, un punto que Cuba rechaza de plano.
Organismos internacionales y gobiernos de la región sostienen desde hace años la necesidad de normalizar el vínculo entre ambos países, retomando el camino que se abrió durante la presidencia de Barack Obama. Sin embargo, los cambios de administración en Washington modifican de manera recurrente el tono y la profundidad de esa agenda.
Impacto regional y expectativas
Una eventual distensión entre Cuba y Estados Unidos tendría efectos en toda América Latina, tanto en términos diplomáticos como comerciales. Para la región, la estabilidad en la isla y la reducción de tensiones con Washington se leen como un factor que puede facilitar acuerdos en materia de cooperación, seguridad y migraciones.
Por ahora, el escenario se mantiene abierto: Cuba marca sus condiciones, Trump eleva sus amenazas y el resto de los actores políticos en Estados Unidos evalúan hasta dónde avanzar en una agenda que combina geopolítica, elecciones y la histórica disputa ideológica entre ambos países.



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