Un informe reciente volvió a poner la lupa sobre el costo del transporte público en la Argentina y reveló cuáles son las ciudades donde el boleto de colectivo resulta más caro y cuáles aún mantienen tarifas más bajas.
Imagen: Ámbito
De acuerdo a datos difundidos por la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor (AAETA), el primer mes del año mostró fuertes ajustes en el valor del boleto de colectivo en distintos puntos del país. El relevamiento ordena las ciudades según el precio que pagan los usuarios cada vez que suben al ómnibus.
Si bien el informe apunta a todo el territorio argentino, el impacto se siente con especial fuerza en los grandes centros urbanos, donde el colectivo es el principal medio de movilidad diaria para estudiantes, trabajadores y jubilados. En ese contexto, entender dónde se paga más y dónde menos permite dimensionar las diferencias entre jurisdicciones.
¿Qué mide el informe y por qué importa?
El relevamiento de AAETA compara las tarifas planas del transporte automotor urbano de pasajeros, es decir, el valor del viaje mínimo de colectivo en cada ciudad. También toma en cuenta las recientes actualizaciones decididas por gobiernos nacionales, provinciales y municipales, además de la incidencia de los subsidios.
En muchas localidades, los incrementos del boleto se combinaron con subas en combustibles, repuestos y costos salariales, lo que llevó a las empresas a reclamar nuevos ajustes para sostener el servicio. Del otro lado, los usuarios enfrentan un escenario de salarios rezagados e inflación alta, por lo que cada actualización de tarifa repercute de lleno en el bolsillo.
Ciudades con boletos más caros y más baratos
Si bien los valores específicos varían mes a mes, el informe muestra un patrón claro: las principales áreas metropolitanas suelen concentrar los pasajes más caros cuando se reduce el nivel de subsidios, mientras que ciudades de menor tamaño logran sostener, al menos por ahora, tarifas más bajas.
Entre los factores que influyen en el precio final se destacan:
- La proporción de subsidios nacionales y provinciales que recibe cada sistema.
- La cantidad de pasajeros transportados por día.
- La extensión de los recorridos urbanos.
- El costo operativo de las empresas en cada región.
En algunas ciudades, el boleto ya supera con amplitud el promedio nacional, lo que obliga a muchas familias a recortar viajes o buscar alternativas de traslado. En otras, las autoridades locales eligieron demorar los aumentos para amortiguar el golpe en la economía cotidiana, aunque las empresas advierten que ese esquema es difícil de sostener en el tiempo.
Impacto en el bolsillo y en la movilidad cotidiana
El costo del transporte público es un componente central del gasto mensual de los hogares. Trabajadores que realizan varios traslados por día, estudiantes que combinan líneas de colectivo y jubilados que dependen del sistema para acceder a servicios básicos sienten de inmediato cualquier variación de la tarifa.
Especialistas en movilidad urbana advierten que, cuando el boleto se encarece por encima del poder adquisitivo, se profundizan las desigualdades: algunos sectores quedan directamente excluidos de determinadas actividades por no poder afrontar el costo de viajar con frecuencia.
En paralelo, municipios y provincias debaten cómo equilibrar la ecuación entre mantener un servicio sostenible para las empresas y garantizar un acceso razonable para los usuarios. El informe de AAETA se vuelve así una referencia clave para la discusión sobre el futuro del transporte público en la Argentina.



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