El auge exportador del sábalo continúa, pero el Paraná muestra señales de agotamiento que ponen en riesgo su ecosistema.

La exportación de sábalo creció con fuerza en los últimos años, aunque persisten alertas por la reducción de ejemplares reproductivos y la baja del río Paraná. En 2024, los datos oficiales registraron 6.700 toneladas exportadas, mil más que en 2021. Sin embargo, las cifras siguen lejos de las 17.000 toneladas de hace una década. Los principales envíos provinieron de Entre Ríos, Santa Fe y Buenos Aires.
Aun con ese crecimiento, los estudios recientes encendieron señales de alarma. Según el Proyecto Ebipes, solo seis de cada cien sábalos tienen capacidad reproductiva, lo que compromete la sustentabilidad del recurso.
Frente a la situación, el gobierno de Santa Fe decidió suspender por un año las exportaciones de pescado capturado en sus ríos. También frenó la entrega de nuevas licencias de acopio.
El ministro Enrique Estévez explicó que la medida no afectará el consumo interno ni la venta de peces de criadero. Aclaró que el objetivo principal es proteger la biodiversidad y asegurar el futuro de la actividad pesquera.
El sábalo es el pez de río más demandado en el mercado internacional y un eslabón clave en la cadena alimenticia del Paraná. Su auge exportador comenzó en los años noventa, cuando reemplazó al bocachico colombiano, casi extinguido por la sobrepesca. Desde entonces, el Paraná se convirtió en su principal fuente de abastecimiento.
Aunque el mercado muestra dinamismo, los expertos insisten en que el equilibrio ecológico debe mantenerse. Sin una gestión adecuada, la rentabilidad inmediata podría transformarse en una amenaza para el ecosistema y la economía regional.



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