Conmoción en Tailandia: mueren 72 tigres en un zoológico

Las autoridades tailandesas investigan la muerte de decenas de tigres en un polémico zoológico privado, mientras crecen las sospechas sobre las condiciones de cautiverio y el control sanitario del establecimiento.

Conmoción en Tailandia: mueren 72 tigres en un zoológico
Conmoción en Tailandia: mueren 72 tigres en un zoológico

La muerte de 72 tigres en cautiverio en un zoológico privado de Tailandia generó una fuerte conmoción internacional y encendió las alarmas sobre el trato a los grandes felinos utilizados como atractivo turístico. El caso abrió un intenso debate sobre la responsabilidad del Estado en el control de estos establecimientos.

El complejo, que operaba como parque de fauna exótica y espacio de entretenimiento, quedó bajo la lupa de las autoridades ambientales y sanitarias. Según los primeros reportes oficiales, los animales habrían muerto en un lapso relativamente corto, lo que hace sospechar de la presencia de un virus altamente agresivo o de graves fallas en las condiciones de alojamiento.

Funcionarios del Gobierno tailandés confirmaron que se tomaron muestras de los animales para determinar el origen del brote. Entre las hipótesis se mencionan enfermedades virales felinas que se transmiten rápidamente en espacios cerrados, sobre todo cuando hay hacinamiento o falta de controles veterinarios periódicos.

Especialistas en fauna silvestre advierten que los tigres en cautiverio son particularmente vulnerables a infecciones cuando se los mantiene en recintos con poca ventilación, estrés constante y contacto cercano entre ejemplares. En ese contexto, un solo animal enfermo puede desencadenar una cadena de contagios difícil de contener.

Organizaciones de defensa de los animales reaccionaron con dureza frente al episodio y reclamaron el cierre definitivo del zoológico. Denuncian que este tipo de emprendimientos se aprovecha de especies en peligro de extinción para ofrecer fotos, espectáculos y contacto directo con turistas, muchas veces en condiciones que vulneran la normativa internacional de bienestar animal.

En los últimos años, Tailandia estuvo en el centro de la polémica por distintos casos de maltrato y explotación de tigres y elefantes. Entidades ambientalistas vienen exigiendo una reforma profunda del sistema de licencias, con inspecciones más estrictas y sanciones ejemplares para quienes incumplan los estándares mínimos de cuidado.

El episodio también reavivó el debate global sobre el rol de los zoológicos en pleno siglo XXI. Mientras algunos argumentan que pueden funcionar como centros de conservación, otros señalan que, en la práctica, muchos no garantizan condiciones adecuadas ni aportes concretos a la protección de la especie en su hábitat natural.

La muerte masiva de tigres tuvo repercusión en medios de todo el mundo y puso en foco el comercio y el uso de grandes felinos en Asia. Organismos internacionales de conservación advirtieron que episodios como este representan una pérdida grave para una especie ya catalogada como en peligro de extinción, con poblaciones reducidas en estado silvestre.

Además, expertos en salud pública recordaron que la mala gestión de animales salvajes en cautiverio puede convertirse en un factor de riesgo para la aparición y propagación de enfermedades zoonóticas, aquellas que pasan de animales a humanos. Por eso reclaman protocolos más rigurosos y una supervisión constante de los recintos privados.

Mientras avanza la investigación, las miradas se concentran en qué hará el gobierno tailandés con el predio y con los pocos ejemplares que podrían haber sobrevivido. Para las organizaciones ambientalistas, el caso es una oportunidad clave para revisar de raíz el modelo de turismo basado en la exhibición de animales salvajes.

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