Cine argentino: financian filme con bonos de la Bolsa rosarina

Una producción nacional recurrió al Mercado Argentino de Valores con sede en Rosario para reunir capital y avanzar con el rodaje de “El enigma de Franca Farmin”, en una operación que marca un cambio de época para el financiamiento del cine argentino.

Cine argentino: financian filme con bonos de la Bolsa rosarina – (Foto: INCAA)

Dos productoras independientes lograron colocar un instrumento financiero por 265 millones de pesos en el Mercado Argentino de Valores (MAV), con base operativa en Rosario, para financiar la película “El enigma de Franca Farmin”. Se trata de un modelo alternativo al esquema tradicional de subsidios públicos y créditos blandos.

La operación, estructurada a través de la Bolsa rosarina, se apoya en herramientas que suelen utilizar pymes y empresas para capital de trabajo, pero esta vez orientadas a la industria audiovisual. Inversores privados adquieren títulos respaldados por el proyecto y, a cambio, reciben una renta pactada.

Este tipo de emisiones se enmarca en la búsqueda de mecanismos mixtos, donde el capital del mercado se suma a los aportes estatales tradicionales del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa). La idea es diversificar las fuentes de recursos y reducir la dependencia exclusiva de los fondos públicos.

En los últimos años, el sector audiovisual argentino atravesó una fuerte volatilidad por la inflación, la caída del consumo y la inestabilidad presupuestaria. Ante esa realidad, las productoras vienen explorando nuevas vías: coproducciones internacionales, preventa de derechos a plataformas y ahora, inserción directa en el mercado de capitales.

Fuentes del mercado explican que la estructura financiera suele contemplar plazos de entre dos y cuatro años, ajustados por inflación o dólar según el instrumento, y mecanismos de garantía basados en la futura explotación comercial de la película, tanto en salas como en streaming.

El MAV, con base en Rosario, viene impulsando desde hace tiempo la participación de economías regionales y proyectos de la economía real en el mercado bursátil. Ahora, el aterrizaje del cine suma un componente cultural a ese entramado financiero.

Para las productoras, acceder a la Bolsa significa ganar previsibilidad en el cronograma de producción y rodaje, algo clave para contratar equipos técnicos, elenco y servicios. Además, mejora la visibilidad del proyecto ante potenciales socios internacionales que valoran la existencia de un plan financiero sólido.

Especialistas del sector señalan que, si el modelo se consolida, podría abrir la puerta a la financiación de series, documentales y contenidos para plataformas bajo estructuras similares. Incluso se analiza la posibilidad de armar carteras de varios proyectos para repartir el riesgo entre distintas producciones.

Para inversores minoristas, este tipo de instrumentos se presenta como una oportunidad de diversificar su portafolio hacia la economía creativa, aunque siempre con los riesgos propios de una industria sujeta al desempeño comercial de cada obra.

En un contexto de cambios profundos en el consumo audiovisual y en la regulación del sector, la experiencia de “El enigma de Franca Farmin” aparece como un laboratorio a seguir de cerca por productores, agentes bursátiles y organismos públicos.

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