Una nueva expedición científica avanza sobre uno de los territorios más extremos del planeta para estudiar enormes fracturas en el hielo, mientras una sonda de la NASA hace lo propio a miles de millones de kilómetros, en una luna de Júpiter.

Imagen: Clarín
Una campaña clave en el fin del mundo
En el marco de una nueva campaña antártica, equipos de investigación utilizan radares de penetración en hielo para mapear grietas de dimensiones descomunales en las plataformas heladas. El objetivo es entender cómo se dañan estas masas de hielo y qué riesgos implican para la estabilidad del continente blanco.
Las llamadas grietas “monstruosas” pueden extenderse por varios kilómetros y alcanzar profundidades considerables. Cuando se combinan con el calentamiento de los océanos, pueden facilitar el desprendimiento de enormes bloques de hielo, con impacto directo en el nivel del mar y en la dinámica climática global.
Para los científicos, la Antártida funciona como un laboratorio natural donde se ponen a prueba modelos que ayudan a anticipar escenarios futuros. Cada medición sirve para ajustar proyecciones sobre el derretimiento acelerado y sus consecuencias para las ciudades costeras de todo el mundo.
Radares terrestres y una aliada lejana: la NASA
La campaña combina trabajo de campo en el hielo con datos obtenidos desde el espacio. En la Antártida se despliegan equipos que emiten ondas de radar capaces de atravesar capas de nieve y hielo, revelando fracturas ocultas bajo la superficie que no se perciben a simple vista.
En paralelo, una nave espacial de la NASA estudia un mundo helado muy distinto pero con desafíos similares: Europa, la luna oceánica de Júpiter. Allí, los instrumentos a bordo analizan el espesor y las fisuras del casquete de hielo que recubre un océano subterráneo, considerado uno de los lugares con mayor potencial para albergar vida fuera de la Tierra.
Los especialistas señalan que las leyes físicas que gobiernan el hielo son comparables en ambos entornos, por lo que los avances logrados en el Polo Sur sirven para interpretar mejor las señales que llegan desde la sonda que sobrevuela Europa.
¿Qué buscan entender los investigadores?
Detrás de esta doble exploración hay preguntas concretas sobre el futuro del clima y la evolución de los mundos helados. Entre los principales objetivos, los equipos trabajan para:
- Medir la velocidad a la que crecen y se propagan las grietas en el hielo antártico.
- Calcular qué tan cerca están algunas plataformas de sufrir colapsos parciales o totales.
- Comparar los patrones de fractura con los observados en la superficie de Europa.
- Mejorar los modelos que predicen el aumento del nivel del mar en las próximas décadas.
Los expertos subrayan que cada dato nuevo reduce la incertidumbre sobre cómo responderán las grandes masas de hielo a un planeta en calentamiento. Eso resulta clave para que los gobiernos diseñen políticas de adaptación en zonas costeras vulnerables.
En el caso de Europa, la información ayudará a definir futuras misiones que podrían intentar perforar su superficie helada. Antes de eso, sin embargo, es esencial comprender la estructura de esas grietas para evitar riesgos en potenciales aterrizajes o sondas que tomen contacto directo con el hielo.
Antártida y más allá: un mismo desafío
La conjunción entre las campañas polares y la exploración espacial refuerza una idea central: lo que ocurre en los confines del sistema solar ayuda a leer mejor lo que pasa en la Tierra, y viceversa. Entender cómo se abre y se deforma el hielo es clave tanto para anticipar el impacto del cambio climático como para evaluar la posibilidad de vida en otros mundos.
Mientras los radares siguen rastreando grietas monstruosas en la Antártida y en Europa, la comunidad científica suma piezas a un rompecabezas que excede la curiosidad: de sus resultados dependerán decisiones concretas sobre infraestructura, ciudades y estrategias globales frente a un planeta que ya muestra señales claras de transformación.




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