China inaugura un megapuente más alto que dos Torres Eiffel

China volvió a sorprender al mundo con una obra de ingeniería extrema: un puente colgante de casi tres kilómetros que se eleva a una altura capaz de superar dos veces a la Torre Eiffel.

La estructura, que alcanza los 2.890 metros de largo y se alza 625 metros sobre un cañón montañoso, se sumó al extenso y moderno sistema vial chino. El proyecto demandó una inversión cercana a los 280 millones de dólares y fue concluido en un lapso récord de apenas tres años.

Por sus dimensiones, el viaducto permite graficar su escala con una comparación impactante: a la altura a la que se ubica el tablero podrían ubicarse dos Torres Eiffel, una encima de la otra. Este tipo de obras buscan acortar tiempos de viaje entre regiones montañosas históricamente aisladas del resto del país.

Un gigante de la ingeniería en altura

El puente forma parte de una autopista que cruza una zona montañosa profunda, donde antes las rutas eran sinuosas y demoraban horas en recorrer distancias relativamente cortas. Con la nueva traza, autoridades chinas aseguran que los trayectos se reducen a una fracción del tiempo original, impulsando el comercio y el turismo interno.

Para sostener el tablero a semejante altura se utilizaron cables de acero de alta resistencia y torres de soporte de gran porte, diseñadas para soportar vientos intensos y posibles movimientos sísmicos. Este tipo de puentes colgantes exige cálculos precisos y monitoreo permanente para garantizar la seguridad a largo plazo.

China se consolidó en las últimas décadas como uno de los países con mayor cantidad de puentes colgantes y atirantados extremos. Varias de estas obras se ubican entre las más largas y más altas del planeta, en un contexto de fuerte apuesta estatal a la infraestructura para conectar regiones remotas con los principales polos industriales.

Impacto económico y competencia global

Detrás de estas obras hay una estrategia clara: mejorar la logística, facilitar el traslado de mercancías y reforzar la integración territorial. La construcción de autopistas elevadas y megapuentes también posiciona a las empresas chinas de ingeniería como jugadores clave en el mercado global de grandes infraestructuras.

En paralelo, especialistas advierten sobre el desafío de mantener estos proyectos a lo largo del tiempo, tanto por el costo de conservación como por el equilibrio entre crecimiento económico y cuidado del ambiente en zonas montañosas. China defiende la iniciativa argumentando que los beneficios en conectividad y desarrollo superan las desventajas.

Aunque se trata de una obra ubicada a miles de kilómetros, este tipo de proyectos suele convertirse en referencia para países que analizan modernizar sus propias rutas y vínculos interprovinciales. La combinación de financiamiento, tecnología y plazos de obra cada vez más ajustados es una discusión que también atraviesa a América Latina.

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