La Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar tuvieron subas nominales durante la gestión de Javier Milei, pero su impacto real sobre la canasta básica muestra resultados desparejos y encendió el debate sobre el poder de compra de las familias más vulnerables.

Imagen: Ámbito
Con la Tarjeta Alimentar congelada durante buena parte de 2025, la AUH registró una mejora nominal cercana al 14% en la era Milei, pero esa cifra queda relativizada cuando se la compara con la escalada de precios en la economía argentina. El ajuste del ingreso convivió con la aceleración de la inflación en alimentos, transporte, tarifas y alquileres.
En ese contexto, el poder de compra de los hogares que dependen de la AUH evolucionó de forma dispar según el rubro. Mientras algunos servicios se encarecieron por debajo del promedio general, los productos de la canasta básica alimentaria volvieron a concentrar las mayores subas, lo que presiona directamente sobre el presupuesto de los sectores de menores ingresos.
Cuatro rubros clave donde los ingresos no alcanzaron
De acuerdo a estimaciones privadas y datos de consultoras que siguen la evolución social, la mejora nominal de la AUH y la Tarjeta Alimentar en 2025 no logró compensar los aumentos en al menos cuatro rubros básicos para la vida cotidiana:
- Alimentos y bebidas: es el componente que más pesa en el gasto de los hogares pobres. En varias regiones del país, la inflación en este ítem superó con amplitud el ajuste de los programas sociales.
- Transporte público: los sucesivos incrementos en boletos urbanos e interurbanos encarecieron el acceso al trabajo, la escuela y la salud.
- Alquileres y vivienda: aunque con regulaciones cambiantes, el costo de alquilar un techo siguió por encima de los ingresos fijos.
- Tarifas de servicios: luz, gas y agua tuvieron recomposiciones que impactaron de lleno en los hogares de bajos recursos.
El resultado es que, aun con aumentos oficiales, la cobertura efectiva frente a la inflación fue parcial. Las familias debieron recortar consumos, endeudarse en comercios barriales o apoyarse más en comedores comunitarios y redes de asistencia informal.
Diferencias entre trabajadores formales y beneficiarios de AUH
Mientras la AUH y la Tarjeta Alimentar mostraron algún grado de recomposición, los beneficios para trabajadores formales con hijos tuvieron una trayectoria distinta. En muchos casos, los montos de asignaciones familiares quedaron atrasados frente a la inflación, lo que implicó una contracción real del ingreso familiar aun en empleos registrados.
Esta situación amplió la brecha entre quienes cobran AUH y quienes perciben asignaciones por su salario en blanco. En los segmentos medios bajos, el deterioro del poder adquisitivo se combinó con subas en expensas, medicina prepaga y educación privada, lo que presionó todavía más sobre los presupuestos.
Especialistas en políticas sociales advierten que, cuando la inflación supera a los ajustes de las prestaciones, crece el riesgo de que más hogares caigan por debajo de la línea de pobreza. A la vez, remarcan que la Tarjeta Alimentar, al estar focalizada en la compra de alimentos, es una herramienta sensible a cualquier desfasaje de precios.
Impacto social y desafíos hacia adelante
Organizaciones sociales y equipos de investigación subrayan que el congelamiento de parte de las ayudas y los aumentos puntuales, sin un esquema de actualización automática por inflación, terminan generando incertidumbre en los beneficiarios. La planificación del gasto mensual se vuelve cada vez más compleja.
De cara a los próximos meses, el desafío para el Gobierno nacional será evitar que la brecha entre ingresos sociales y canasta básica siga ampliándose. En paralelo, economistas señalan que cualquier recomposición de la AUH y la Tarjeta Alimentar deberá convivir con las metas de ajuste fiscal y con la discusión política sobre el alcance del Estado en materia de asistencia.
En este escenario de alta inflación y tensiones distributivas, el comportamiento de la AUH, la Tarjeta Alimentar y las asignaciones familiares será clave para seguir midiendo el pulso social de la era Milei y el margen de las familias para sostener consumos esenciales.




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