Cuidar la alimentación de los niños en verano es clave para evitar golpes de calor, deshidratación y molestias digestivas. Con algunas pautas simples, las familias pueden acompañar mejor esta etapa de crecimiento sin descuidar el disfrute de las vacaciones.

Durante los primeros años de vida, la incorporación de nuevos alimentos debe ser progresiva y ordenada. Los pediatras recomiendan presentar un solo alimento nuevo por vez y esperar entre dos y tres días para controlar posibles reacciones alérgicas, como sarpullidos, vómitos o cambios en la respiración.
Es importante priorizar opciones frescas y poco procesadas: frutas de estación bien lavadas, verduras cocidas, cereales integrales, legumbres pisadas y carnes magras bien cocidas. Los ultraprocesados, snacks salados y bebidas azucaradas deberían evitarse, especialmente en menores de dos años.
Al ofrecer alimentos sólidos, las porciones deben ser pequeñas y adaptadas a la edad. Se aconseja que las preparaciones tengan una textura acorde al desarrollo madurativo de cada niña o niño, para reducir riesgos de atragantamiento y facilitar la aceptación de nuevos sabores.
Hidratación y cuidados en días de calor
En época estival, la hidratación adecuada es tan importante como la calidad de la comida. En bebés que toman pecho, se recomienda ofrecer el amamantamiento con mayor frecuencia. En niñas y niños más grandes, el agua segura debe ser la bebida principal durante todo el día.
Las altas temperaturas aumentan el riesgo de cuadros gastrointestinales. Por eso es fundamental mantener la cadena de frío de lácteos, carnes, huevos y preparaciones caseras, evitando que permanezcan varias horas fuera de la heladera, sobre todo en picnics, piletas o salidas al aire libre.
También se aconseja no ofrecer mayonesas caseras, alimentos crudos de origen animal ni jugos exprimidos que permanezcan mucho tiempo a temperatura ambiente. Un alimento en mal estado puede desencadenar diarrea y deshidratación, cuadros que en los niños evolucionan con rapidez.
Hábitos saludables para toda la familia
Generar rutinas de comida ordenadas ayuda a que los chicos reconozcan el hambre y la saciedad. Los especialistas sugieren evitar usar la comida como premio o castigo y favorecer espacios tranquilos, sin pantallas, donde la familia pueda compartir la mesa.
Involucrar a los niños en la elección y preparación de platos sencillos suele aumentar la aceptación de frutas y verduras. Lavarlas juntos, cortar ingredientes blandos con supervisión o armar ensaladas de colores son estrategias que acercan a los chicos a una alimentación más variada.
Ante cualquier duda sobre la introducción de alimentos, alergias, intolerancias o cambios bruscos en el peso, se recomienda consultar al pediatra o nutricionista infantil. Un seguimiento profesional permite ajustar porciones, detectar señales de alarma a tiempo y acompañar un crecimiento sano.
Recomendaciones prácticas para el día a día
Para organizar mejor las comidas en verano, puede ser útil planificar menús simples con alimentos de estación. Las frutas como sandía, melón, durazno o naranja aportan agua, vitaminas y resultan fáciles de ofrecer en trozos seguros o en forma de puré, según la edad.
Entre las opciones saladas, se destacan los vegetales al vapor, tortillas de verdura, arroz, fideos o legumbres bien cocidas combinadas con pequeñas porciones de carne, pollo o pescado sin espinas. Siempre es clave revisar la temperatura para evitar quemaduras en boca y lengua.
Si bien cada familia tiene su organización, los especialistas ponen el foco en ofrecer variedad, seguridad e hidratación constante. Con estas tres ideas como guía, es posible atravesar la temporada de calor cuidando la salud de los niños sin resignar momentos de juego y disfrute.



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