Abrió un gimnasio pensado para adultos mayores

Una entrenadora física decidió crear un espacio exclusivo para adultos mayores, donde la prioridad es el movimiento seguro, la autonomía y la atención personalizada, lejos del modelo de los gimnasios convencionales.

En muchos gimnasios tradicionales, las rutinas están pensadas para jóvenes o personas con alta exigencia física. En ese contexto, los adultos mayores suelen quedar relegados, con poca supervisión y entrenamientos que no contemplan sus necesidades específicas.

Con esa realidad en mente, la entrenadora física María Pilar Rosales decidió abrir un gimnasio orientado exclusivamente a personas mayores. Su objetivo es que cada alumno reciba una atención cuidadosa, con ejercicios adaptados y seguimiento constante, para que pueda moverse con confianza y sin miedo a lesionarse.

“En los gimnasios convencionales no está la atención puesta en los alumnos, menos en los adultos mayores, que encima necesitan de atención constante”, sostiene Rosales, marcando la diferencia de su propuesta, centrada en la escucha y el acompañamiento.

Un espacio para cuidar la autonomía y la salud

El eje del proyecto es claro: no perder la autonomía. A través de rutinas diseñadas por profesionales, se trabaja fuerza, equilibrio, movilidad articular y resistencia aeróbica suave. La idea no es competir ni “ponerse en forma” según estándares estéticos, sino sostener la capacidad de valerse por sí mismos en la vida diaria.

Especialistas en gerontología y kinesiología coinciden en que la actividad física regular reduce el riesgo de caídas, mejora el ánimo y ayuda a prevenir enfermedades crónicas como la diabetes o la hipertensión. Por eso, espacios como este gimnasio aportan también a la salud mental y emocional, al favorecer el encuentro social y la autoestima.

Las clases se organizan en grupos reducidos para poder supervisar cada movimiento. Se utilizan elementos como bandas elásticas, mancuernas livianas, colchonetas y barras de apoyo, siempre con consignas claras y controles de respiración y postura.

Rutinas adaptadas y contención emocional

Además del trabajo físico, se presta atención al aspecto emocional. Muchos adultos mayores llegan con miedo a hacer esfuerzo o con experiencias negativas previas. El enfoque es progresivo y personalizado, con evaluaciones iniciales y objetivos realistas que se revisan periódicamente.

Entre los beneficios más frecuentes se destacan:

  • Mejora del equilibrio y reducción del riesgo de caídas.
  • Aumento de la fuerza en brazos y piernas para tareas cotidianas.
  • Mayor independencia para actividades como subir escaleras o hacer las compras.
  • Mejor descanso nocturno y reducción de dolores musculares.
  • Socialización y sensación de pertenencia a un grupo.

Con propuestas como la de María Pilar Rosales, se consolida una mirada más respetuosa sobre el envejecimiento, donde el movimiento, la compañía y la planificación profesional permiten que las personas mayores sigan activas y disfruten de su día a día.

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