Un nuevo informe global muestra que los atentados y las muertes vinculadas al terrorismo descendieron a su piso más bajo en casi dos décadas, aunque los especialistas advierten que el escenario internacional sigue siendo frágil y podría revertir parte de estos avances.

De acuerdo al Global Terrorism Index, en 2025 los ataques y las víctimas fatales por terrorismo se ubicaron en su nivel más bajo en casi veinte años. El reporte, elaborado por el Institute for Economics & Peace (IEP), calcula que el año pasado murieron 5.582 personas en hechos clasificados como terroristas, lo que representa una caída del 28% respecto de 2024.
El índice se construye con datos oficiales, académicos y de organismos internacionales, y se convirtió en una de las referencias centrales para medir la evolución del terrorismo a nivel global. El informe de 2025 confirma una tendencia descendente que se consolidó durante la última década, tras los picos registrados en los años de mayor actividad de grupos como Estado Islámico.
Sin embargo, el IEP subraya que estos avances no están garantizados en el tiempo. El contexto internacional, marcado por nuevos conflictos armados, tensiones geopolíticas y crisis económicas en distintas regiones, podría abrir una nueva etapa de inestabilidad y favorecer el resurgimiento de organizaciones extremistas.
Qué advierte el Institute for Economics & Peace
El fundador y presidente ejecutivo del IEP Steve Killelea advierte que la combinación de varios factores podría “borrar los logros conseguidos con tanto esfuerzo contra el terrorismo durante la última década”. Entre esos factores menciona el colapso de normas internacionales, el deterioro de las condiciones económicas y un orden mundial cada vez más fracturado.
Para Killelea, los conflictos emergentes, la aparición de nuevas zonas de disputa y la creciente polarización política generan un terreno fértil para que diferentes formas de violencia extremista vuelvan a ganar protagonismo. El IEP plantea que, si no se refuerzan los mecanismos de cooperación internacional y prevención, es probable un repunte del terrorismo en los próximos años.
El informe también hace foco en la necesidad de abordar las causas estructurales que suelen alimentar la radicalización, como la pobreza persistente, la falta de oportunidades para jóvenes, la debilidad institucional y la ausencia de canales democráticos efectivos para procesar conflictos sociales y políticos.
Un escenario global en tensión
Aunque el número de ataques y víctimas se redujo, el IEP remarca que el riesgo terrorista permanece alto en regiones atravesadas por guerras, disputas territoriales o crisis humanitarias. En esos contextos, las fronteras entre conflicto armado y terrorismo suelen volverse difusas y dificultan la respuesta de los Estados.
El documento sostiene que, para consolidar la baja registrada en 2025, será clave sostener las políticas de cooperación internacional en seguridad, fortalecer los sistemas judiciales y mejorar las condiciones socioeconómicas en los países más vulnerables. El monitoreo permanente y la transparencia en las estadísticas también son centrales para evitar lecturas triunfalistas que oculten focos de riesgo.
En síntesis, el descenso de los atentados y muertes por terrorismo muestra que las estrategias aplicadas en los últimos años tuvieron impacto, pero el propio informe del Global Terrorism Index recuerda que ese resultado no es definitivo. Con un mapa mundial en transformación y conflictos abiertos en varios frentes, la comunidad internacional enfrenta el desafío de sostener y profundizar los avances alcanzados hasta ahora.




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