La Justicia provincial condenó a una joven de Rosario a 13 años de prisión por haber acompañado y filmado un homicidio cometido al azar en el barrio Ludueña, un ataque ligado a las disputas narco que atraviesan la zona noroeste de la ciudad.

La acusada era pareja de Eric Enrique, un tirador vinculado a la banda de Fran Riquelme, y fue señalada como parte activa de un ataque sicario en el que fue asesinado Leonardo “Nano” Rodríguez, un changarín que no tenía relación con las organizaciones criminales en disputa.
Un crimen elegido al azar para enviar un mensaje
De acuerdo con la investigación fiscal, el homicidio se produjo sobre Teniente Agneta al 100, en la zona de las vías de barrio Ludueña. La víctima, Leonardo Rodríguez, fue seleccionada de manera aleatoria por los atacantes, con el objetivo de dejar un mensaje intimidante frente a un búnker rival de venta de drogas.
La joven ahora condenada se habría desplazado en moto junto al sicario hasta el lugar del ataque. Mientras el tirador ejecutaba los disparos, ella utilizó su teléfono celular para registrar en video toda la secuencia, material que luego se convirtió en una prueba clave dentro del expediente judicial.
Los investigadores sostuvieron que la orden que bajó desde la estructura narco era matar a cualquier persona que se encontrara en la zona, para exhibir capacidad de daño y marcar territorio en el marco de la disputa entre bandas. En ese contexto, Rodríguez fue alcanzado por los disparos cuando realizaba changas en la cuadra.
Condena y responsabilidad en el esquema criminal
En el juicio se reconstruyó el rol de la novia de Eric Enrique dentro del hecho. La acusación remarcó que no fue una mera acompañante, sino que contribuyó a garantizar el éxito del ataque y a registrar el crimen para su posterior circulación como mensaje mafioso dentro de la organización.
Los fiscales describieron que el video fue pensado como una herramienta de amedrentamiento hacia grupos rivales y, a la vez, como demostración de obediencia a las órdenes impartidas desde niveles superiores de la banda. Esa participación activa fue central para que el tribunal le atribuyera responsabilidad penal directa.
La sentencia a 13 años de prisión efectiva se inscribe en una serie de causas que buscan responsabilizar no solo a los tiradores, sino también a quienes facilitan, organizan o documentan los ataques armados que golpean a Rosario, en especial en barrios atravesados por la violencia narco como Ludueña.
El caso vuelve a exponer la dinámica criminal que combina sicarios jóvenes, uso de motos para desplazarse rápidamente y la filmación de los ataques como parte del engranaje de amenazas y disputas por el control territorial en la ciudad.





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