Una familia de Guadalupe Norte impulsa la campaña “Todo por Zoe” para evitar que una nena de 6 años sea separada de quienes la crían desde hace años, mientras aguardan definiciones de la Justicia.

Vecinos de Guadalupe Norte se convocaron el viernes en la plaza principal para acompañar a los padres del corazón de Zoe, una niña de 6 años que vive con ellos desde pequeña. La consigna de la jornada fue contundente: “No permitamos que le arrebaten la felicidad de una niña”, frase que también encabeza la campaña pública.
La movilización buscó visibilizar el reclamo ante una posible decisión judicial que podría modificar el lugar donde la nena reside actualmente. La familia insiste en que el arraigo afectivo y social que Zoe construyó en el pueblo debe ser tenido en cuenta a la hora de resolver su futuro.
El testimonio de Jorge Rodríguez
Jorge Rodríguez, actual cuidador de la menor y uno de sus referentes afectivos centrales, se transformó en la cara visible del reclamo. Según relató en la convocatoria, la intención de la familia es que la Justicia escuche la historia de Zoe, el vínculo construido con su entorno y el impacto que tendría para ella un cambio brusco de hogar.
Rodríguez remarcó que la prioridad debe ser el interés superior de la niña, principio que orienta todas las decisiones vinculadas a la infancia. En ese sentido, pidió que se valoren los años compartidos, la red de apoyo que se consolidó en Guadalupe Norte y el deseo de la pequeña de seguir viviendo con quienes reconoce como su familia cotidiana.
Una campaña que apela a la comunidad
La acción del viernes fue parte de una campaña más amplia que se organiza bajo el lema “Todo por Zoe”. A través de convocatorias abiertas, los impulsores buscan sumar apoyo social y mantener el tema en la agenda pública mientras se esperan definiciones legales.
Durante la marcha, los asistentes expresaron su acompañamiento con carteles, aplausos y mensajes dirigidos a las autoridades provinciales y judiciales. El reclamo apunta a que las resoluciones consideren no solo aspectos formales, sino también el bienestar emocional y el entorno de contención que la niña encontró en el pueblo.
La situación reaviva el debate sobre cómo se aplican en la práctica las normas de protección de derechos de niños, niñas y adolescentes, y hasta qué punto se contemplan los lazos afectivos que se construyen por fuera de lazos biológicos. Para la familia y quienes acompañan, se trata de resguardar la estabilidad y la felicidad de Zoe en una etapa clave de su crecimiento.





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