Una multitud de fieles participó este viernes por la noche de una caravana por la paz que unió diez iglesias del macrocentro rosarino, en el marco de la festividad de María Auxiliadora y con un fuerte mensaje de encuentro y esperanza.

Caravana de fe y pedido de paz en las calles rosarinas
La convocatoria, encabezada por el padre Alejandro Gómez, comenzó a las 20 y tuvo como eje central un llamado a “salir del egoísmo hacia la cultura del encuentro”, retomando las palabras del papa Francisco. Con velas, estandartes e imágenes religiosas, los participantes recorrieron distintos templos del macrocentro de Rosario.
En cada una de las diez iglesias se realizaron breves momentos de oración y reflexión. Los organizadores subrayaron que la caravana no fue solo una expresión de fe, sino también un gesto comunitario que busca reafirmar el compromiso con la paz en un contexto social marcado por la preocupación y la incertidumbre.
María Auxiliadora y un mensaje de esperanza
La actividad se inscribió en la festividad de María Auxiliadora, una de las advocaciones marianas más queridas por la comunidad católica. La fecha suele convocar a novenas, procesiones y misas especiales, y en esta oportunidad se eligió sumar una caravana por la paz como signo de cercanía con la realidad cotidiana de la ciudad.
Durante el recorrido, el padre Alejandro Gómez invitó a los presentes a “construir con alegría, paz y amor” y a sostener en el tiempo gestos concretos de solidaridad. El énfasis estuvo puesto en la cultura del encuentro, concepto impulsado por el papa Francisco que propone priorizar el diálogo y la fraternidad por encima de las divisiones.
Sin adelantar nuevas actividades específicas, los referentes pastorales plantearon que este tipo de manifestaciones buscan mantener vivo un clima de oración y compromiso, e interpelar tanto a creyentes como a quienes, aun sin participar de la vida religiosa, comparten el deseo de una ciudad más justa y pacífica.
Participación vecinal y vida comunitaria
La caravana reunió a familias, jóvenes, adultos mayores y grupos parroquiales de distintos barrios. Muchos de ellos se sumaron en silencio, otros acompañaron con cantos y rezos, pero todos compartieron el mismo propósito: visibilizar un pedido de paz y acompañar, desde la fe, la realidad que atraviesa Rosario.
Para los organizadores, la respuesta de la comunidad confirma la necesidad de generar espacios de encuentro en el espacio público. Destacaron que recorrer el macrocentro pasando por varias parroquias es también una forma de “tejer puentes” entre distintas comunidades y de fortalecer la trama social.
Más allá de la convocatoria puntual, la caravana dejó instalado un mensaje que los referentes eclesiales buscan sostener en el tiempo: que toda iniciativa que impulse la convivencia pacífica, la escucha y el respeto mutuo, es un aporte para construir una ciudad más habitable.





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