A un mes de la tragedia que conmocionó a San Cristóbal, la comunidad volvió a reunirse en silencio para exigir justicia por Ian Cabrera y mantener vivo su recuerdo en las calles de la ciudad.

Familiares, amigos, docentes y vecinos se concentraron en la esquina de Caseros y Alvear, punto de encuentro elegido para iniciar una movilización cargada de dolor, respeto y reclamo. Sin consignas partidarias ni discursos encendidos, la consigna fue simple y contundente: pedir justicia y acompañar a la familia de Ian.
Con velas encendidas y globos blancos, la columna avanzó lentamente por las calles de San Cristóbal hasta llegar a las puertas de la Escuela Normal N° 40, institución que formaba parte de la rutina diaria del joven. El silencio, apenas interrumpido por algunos aplausos y murmullos de oración, se transformó en el lenguaje común de una comunidad atravesada por la pérdida.
Durante el trayecto, se pudieron ver carteles con el nombre de Ian y mensajes que reclamaban el esclarecimiento total de lo sucedido. Muchos de los presentes eligieron retirarse en silencio, sin hablar con los medios, como una forma de resguardar el momento íntimo que significó volver a caminar juntos a un mes después del hecho.
Una ciudad marcada por el pedido de justicia
La marcha no solo fue un gesto de acompañamiento a la familia Cabrera, sino también una expresión del clima social que se vive en San Cristóbal tras la tragedia. Vecinos y allegados coinciden en que el caso dejó una huella profunda y abrió interrogantes sobre las circunstancias que rodearon la muerte del joven.
En las inmediaciones de la Escuela Normal N° 40, el grupo se detuvo para encender nuevas velas y formar un pequeño altar improvisado con fotos y mensajes. Allí, en un clima de recogimiento, se recordó la figura de Ian, se acompañó a sus seres queridos y se insistió en la necesidad de que la investigación avance con celeridad.
Para muchos, esta movilización fue también una forma de decir que la ciudad no quiere acostumbrarse a convivir con la violencia ni con la impunidad. Por eso, el compromiso asumido por quienes participaron fue sostener el reclamo en el tiempo y mantener presente el nombre de Ian, como símbolo de una demanda colectiva de verdad y justicia.
La sensación que quedó luego de la noche de velas y globos blancos es que San Cristóbal continúa atravesando un duelo compartido. Mientras la causa judicial sigue su curso, la comunidad elige responder con organización y presencia en las calles, entendiendo que cada marcha es también un llamado a las autoridades para que no haya más demoras ni silencios.




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