Más de la mitad del país sin agua, gas o cloacas básicos

Un nuevo relevamiento nacional encendió las alarmas: más de la mitad de la población argentina carece de al menos uno de los tres servicios públicos esenciales para una vida digna: agua corriente, gas de red o cloacas.

Un dato estructural: 52,9% sin acceso a servicios básicos

De acuerdo con el informe, el 52,9% de la población no tuvo acceso al agua corriente, al gas de red o a la red cloacal. El dato refleja un problema estructural que atraviesa distintas regiones del país y que golpea con más fuerza a los sectores de menores ingresos.

La dificultad para conectarse a estos servicios no solo se explica por la falta de infraestructura, sino también por la imposibilidad económica de muchos hogares para afrontar las conexiones, el pago de tarifas y los costos de mantenimiento.

El acceso al agua potable segura, a un sistema de saneamiento adecuado y a una fuente de energía limpia como el gas de red está directamente vinculado con la salud, la calidad de vida y las oportunidades de desarrollo de la población.

Más presión sobre el sistema de salud público

El informe también expuso otro indicador preocupante: la cobertura de obra social, prepaga, mutual o servicio de emergencia cayó al 65,4%. Es decir, más de un tercio de la población quedó por fuera de esos esquemas de protección sanitaria.

Esta pérdida de cobertura formal implica una presión creciente sobre el sistema de salud público, que debe absorber consultas, tratamientos y urgencias de personas que ya no cuentan con un respaldo privado o de la seguridad social.

La combinación de déficit en servicios básicos y caída en la cobertura de salud profundiza las condiciones de vulnerabilidad. Hogares que no acceden a agua segura o cloacas están más expuestos a enfermedades, y al mismo tiempo tienen menos herramientas para afrontarlas dentro del sistema sanitario.

Impacto social y desigualdades territoriales

Detrás de los porcentajes se esconde un fuerte contraste territorial. Zonas urbanas con mayor infraestructura conviven con barrios periféricos y áreas rurales donde el acceso al agua, al gas y a cloacas sigue siendo una deuda histórica.

En muchos hogares, la ausencia de gas de red obliga a recurrir a garrafas o a otros combustibles más caros y menos seguros. La falta de cloacas se reemplaza con pozos o sistemas precarios, mientras que el agua corriente se suple con perforaciones o conexiones informales que no siempre garantizan calidad.

Organismos especializados y referentes sociales vienen advirtiendo que el acceso a estos servicios debe ser considerado como un derecho básico, y no solo como una prestación más. Por eso, reclaman políticas sostenidas de inversión en infraestructura junto con esquemas tarifarios que contemplen la capacidad de pago de los hogares.

Mientras tanto, el deterioro de la cobertura de salud y la brecha en el acceso a servicios esenciales se consolidan como uno de los principales desafíos sociales y sanitarios para los próximos años.

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