Argentina entra en semanas decisivas para definir su estrategia comercial con Estados Unidos, en medio del vencimiento de un esquema excepcional de aranceles y la creciente presión del sector exportador.

La Corte Suprema de Estados Unidos declaró inválida la suba discrecional de aranceles a las importaciones que había sido utilizada como base para el acuerdo sellado con el Gobierno argentino en febrero. El fallo obliga a Washington a modificar el andamiaje legal que sostiene esos gravámenes y abre un escenario de incertidumbre para las exportaciones locales.
Como respuesta inmediata, la administración estadounidense decidió recurrir a la llamada “Sección 122”, una herramienta que permite aplicar aranceles de manera temporal. Este mecanismo tiene una vigencia de 150 días y, según fuentes del sector, funciona como un puente hasta que haya una definición más estable.
El problema para Argentina es que ese plazo se agota en julio, lo que convierte a las próximas semanas en un período crítico para renegociar condiciones y evitar un salto en los costos de acceso al mercado norteamericano.
Qué está en juego para las exportaciones argentinas
Estados Unidos es uno de los principales destinos de productos argentinos con valor agregado. Sectores como la industria manufacturera, la agroindustria y algunos rubros de servicios dependen de la estabilidad de las condiciones de ingreso a ese mercado.
Con el uso transitorio de la Sección 122, las empresas miran con atención qué hará el Gobierno argentino: si buscará preservar las preferencias actuales, renegociar el esquema o aceptar un escenario con mayor presión arancelaria. La definición impactará tanto en los costos de exportación como en la competitividad frente a otros países proveedores.
En paralelo, cámaras empresarias señalan que la volatilidad regulatoria en Estados Unidos se suma a un contexto local complejo, con costos internos elevados y dificultades de financiamiento, lo que reduce el margen de maniobra para sostener y ampliar ventas externas.
Reclamo por demoras en las devoluciones de impuestos
Mientras se acerca el vencimiento del plazo de la Sección 122, se intensifica el malestar de los exportadores argentinos por el retraso en las devoluciones de impuestos. Referentes del sector advierten que la demora en estos reembolsos erosiona la rentabilidad en un momento de alta incertidumbre comercial.
Las devoluciones de tributos son una herramienta clave para compensar la carga fiscal que enfrentan las empresas que venden al exterior. Sin esos fondos en tiempo y forma, muchas compañías deben recurrir a créditos de corto plazo o postergar inversiones, en un contexto ya tensionado por el nivel de tasas y la caída de la demanda internacional en algunos rubros.
Empresarios señalan además que la falta de previsibilidad en materia tributaria y aduanera se combina con la incertidumbre sobre qué esquema arancelario regirá a partir de julio en Estados Unidos. Esa doble presión complica la planificación de contratos y la fijación de precios para los próximos embarques.
Definiciones que marcan la próxima etapa
Con el reloj corriendo hacia el vencimiento del esquema excepcional de aranceles, el Gobierno argentino deberá definir su postura en la mesa de negociación con Washington. En el juego no sólo está el nivel de gravámenes, sino también la posibilidad de consolidar un marco más previsible y estable para los flujos comerciales bilaterales.
En este contexto, el sector privado reclama una estrategia coordinada que combine la gestión diplomática con medidas internas que alivien la carga impositiva y aceleren las devoluciones pendientes. El objetivo es llegar a julio con mayores certezas y evitar un nuevo golpe a la competitividad exportadora argentina.




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