La Pastoral Social de Rosario planteó ante concejales que prohibir a los cuidacoches no resolverá el conflicto en las calles y podría agravar la exclusión social que viven cientos de familias.

En un encuentro con concejales realizado en Rosario, representantes de la Pastoral Social advirtieron que eliminar por completo la actividad de los cuidacoches, conocidos como “trapitos”, no es una salida adecuada al problema. Según plantearon, una prohibición lisa y llana solo empujaría a más personas a situaciones de mayor vulnerabilidad, sin atacar las causas profundas de la pobreza.
Los referentes de la Iglesia remarcaron que detrás de cada cuidacoches hay historias de desempleo, precariedad y falta de oportunidades. En ese sentido, señalaron que la discusión no puede limitarse al ordenamiento del espacio público, sino que debe incluir políticas activas de inclusión social y laboral.
Durante la reunión, la Pastoral Social pidió a las y los ediles abrir una mesa de trabajo más amplia que involucre al Municipio, organizaciones sociales y actores comunitarios, para avanzar en soluciones de fondo. Plantearon que el desafío es combinar la necesidad de brindar seguridad y tranquilidad a quienes estacionan sus autos con el derecho al trabajo de los sectores más postergados.
Regulación y alternativas frente a la prohibición total
En lugar de una prohibición, la Iglesia alentó a discutir una regulación integral de la actividad. Entre los ejes sugeridos se mencionan la identificación de los cuidacoches, la delimitación de zonas autorizadas y la articulación con programas sociales que permitan, progresivamente, ofrecer salidas laborales más estables.
La Pastoral Social insistió en que cualquier cambio normativo debe contemplar especialmente a quienes no cuentan con otros ingresos. Subrayaron que la respuesta estatal no puede reducirse al control policial ni a la expulsión de estas personas del espacio público, sino que debe incluir acompañamiento social, sanitario y laboral.
Según expusieron ante el Concejo, la discusión sobre los cuidacoches es una expresión más de la crisis económica que atraviesan los barrios de Rosario. En ese marco, reclamaron políticas de largo plazo para reducir la pobreza y la informalidad, junto con un diálogo sostenido entre las instituciones locales.
La propuesta de la Iglesia apunta a que el debate no se agote en la sanción o no de una ordenanza, sino que se traduzca en un plan concreto que ofrezca alternativas reales a los “trapitos” y contenga las demandas de vecinos y automovilistas.




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