Una multitud copó la cortada, la plaza y las calles cercanas para darle un emotivo adiós al bar Berlín, histórico punto de encuentro nocturno en el pasaje Fabricio Simeoni.

La celebración comenzó el último sábado por la tarde y se extendió hasta la madrugada de este domingo. Entre música en vivo, charlas y reencuentros, el entorno de la ex Zabala se transformó en una gran peatonal a cielo abierto para despedir a uno de los bares más emblemáticos de la noche rosarina.
El bar Berlín funcionó durante años como un punto de referencia para distintas generaciones que eligieron la zona para reunirse, escuchar bandas locales y prolongar las salidas hasta altas horas. Su cierre movilizó a habitués, vecinos y curiosos que se acercaron para compartir el último encuentro.
Una despedida a pura música y memoria
A lo largo de la tarde-noche se montaron equipos de sonido y se sucedieron presentaciones en vivo que repasaron distintos estilos, en sintonía con la historia musical del lugar. Hubo rock, pop y también sets preparados especialmente por quienes acompañaron al bar Berlín desde sus inicios.
Entre el público circularon anécdotas sobre noches inolvidables, recitales sorpresa y encuentros que marcaron épocas. Muchos recordaron también al mítico Zeppelin, el “bar bailable” que funcionó en el sótano del edificio, y que fue un ícono de la movida nocturna rosarina durante los años en que la ex Zabala concentraba buena parte de la actividad cultural joven.
El pasaje Simeoni, nombre actual de la ex Zabala, quedó prácticamente tomado por una multitud diversa: grupos de amigos, parejas, familias y ex habitués que volvieron a caminar esas cuadras para despedirse, sacar fotos y registrar los últimos momentos del bar en actividad.
El legado del Berlín y del histórico sótano
Quienes participaron de la despedida destacaron que espacios como el bar Berlín y el antiguo Zeppelin ayudaron a consolidar una identidad nocturna propia en Rosario, con propuestas que combinaron música en vivo, fiesta y una fuerte impronta local.
En redes sociales se multiplicaron las fotos de la cortada colmada, así como mensajes de agradecimiento al personal del bar y a quienes sostuvieron la propuesta a lo largo de los años. Muchos usuarios compartieron recuerdos de sus primeras salidas, cumpleaños, recitales íntimos y eventos especiales vividos en el lugar.
El cierre del Berlín también reabrió el debate sobre el futuro de la zona y la necesidad de preservar espacios culturales y de encuentro nocturno en la ciudad. Vecinos y asistentes coincidieron en que, más allá del final de esta etapa, el espíritu construido alrededor de la ex Zabala y del pasaje Simeoni seguirá presente en la memoria colectiva.





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