Alquilar un monoambiente representa el 80% de la jubilación

El precio de los alquileres se mantiene en niveles muy altos y presiona con fuerza sobre el bolsillo de los adultos mayores: un jubilado promedio debe destinar casi todo su haber mensual para acceder a un monoambiente, sin contar expensas ni servicios.

Alquilar un monoambiente representa el 80% de la jubilación

De acuerdo a los últimos relevamientos del mercado inmobiliario, los alquileres subieron hasta un 50% interanual. Aún cuando en marzo se observó una leve desaceleración, los valores siguen muy por encima de lo que pueden afrontar los ingresos fijos, en particular las jubilaciones.

En el caso de un monoambiente, la foto actual es contundente: un jubilado necesita cerca del 80% de su ingreso para pagar el alquiler mensual. Ese cálculo no incluye expensas, impuestos ni servicios básicos como luz, gas o agua, por lo que el margen que queda para cubrir el resto de los gastos es mínimo. Esta combinación de haberes que pierden poder de compra y alquileres que se mantienen en la parte alta de la tabla deja a muchos adultos mayores ante una disyuntiva complicada: ajustar al extremo el consumo cotidiano o resignar superficie y ubicación para conseguir un contrato más accesible.

Subas sostenidas y pérdida de poder adquisitivo

Las subas cercanas al 50% en un año reflejan la inercia que arrastra el mercado locativo, incluso en un contexto en el que la demanda muestra señales de agotamiento. Los propietarios buscan actualizar valores para no quedar atrás de la inflación, mientras que los inquilinos llegan con ingresos que corren desde atrás.

Para los jubilados, quienes dependen de haberes actualizados por fórmulas atadas a períodos anteriores, el efecto es doble: sus ingresos se ajustan más lento que los contratos y, cuando finalmente llegan los aumentos, buena parte ya fue licuada por el avance previo de los precios.

En ese escenario, la negociación de un nuevo contrato de alquiler se vuelve un momento crítico. Quienes no tienen la posibilidad de complementar la jubilación con otro ingreso deben recurrir a ahorros, ayuda familiar o recortar gastos esenciales, como medicación, alimentos o servicios, para poder sostener el techo.

El resultado es una situación de vulnerabilidad habitacional que se profundiza entre los adultos mayores, un sector que cada vez destina una porción mayor de su ingreso a pagar el alquiler, mientras el resto de los gastos de la canasta básica sigue también en ascenso.

Impacto social y desafíos para la política pública

El hecho de que casi ocho de cada diez pesos de la jubilación se vayan en el alquiler de un monoambiente plantea un desafío de fondo para las políticas de vivienda y protección social. El acceso a un hogar digno se vuelve cada vez más difícil para quienes ya están fuera del mercado laboral.

Especialistas advierten que, si la tendencia de precios altos y haberes retrasados se mantiene, más jubilados podrían quedar obligados a compartir vivienda, mudarse a zonas más periféricas o aceptar condiciones contractuales menos favorables, con mayor inestabilidad.

Mientras tanto, en el día a día, la prioridad pasa por llegar a fin de mes. Con alquileres que absorben casi por completo el haber, la jubilación deja de ser un ingreso que garantice tranquilidad y se transforma en una cuenta que apenas alcanza para sostener un techo.

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