El campo argentino se prepara para una campaña de fuerte recuperación productiva, con una cosecha que superaría con claridad a la del ciclo pasado, aun cuando los costos logísticos vuelven a presionar por el impacto de la guerra en Medio Oriente sobre el comercio marítimo global.

Una campaña que apunta a las 160 millones de toneladas
De acuerdo con estimaciones de la Bolsa de Comercio de Rosario, la producción total de granos del país podría ubicarse en torno de las 160 millones de toneladas. Sería un salto cercano al 14% frente al volumen cosechado en la campaña anterior, marcando un escenario de recuperación luego de años atravesados por la sequía y la inestabilidad macroeconómica.
La mejora esperada se apoya en mejores rindes en los principales cultivos, especialmente soja, maíz y trigo, y en una mayor superficie implantada en buena parte de la región pampeana. Para los productores, se trata de una campaña clave para recomponer capital de trabajo, cancelar deudas y encarar nuevas inversiones.
Desde la entidad rosarina remarcan que el rebote productivo permitiría un mayor ingreso de divisas por exportaciones y un aporte significativo a la actividad económica ligada a la agroindustria, desde la provisión de insumos hasta la logística y los servicios profesionales.
Guerra en Medio Oriente y un frente externo incierto
Pese a este cuadro de recuperación, el agro enfrenta un contexto internacional atravesado por la guerra en Medio Oriente, que mantiene en vilo al comercio marítimo global. El conflicto encarece los fletes, altera rutas tradicionales y agrega volatilidad a los costos logísticos de exportación.
Las tensiones geopolíticas en puntos estratégicos para la navegación internacional obligan a desviar buques, incrementar seguros y reprogramar embarques. Productores, exportadores y operadores de la región núcleo siguen con atención la evolución del escenario, ya que cualquier cambio puede impactar en los márgenes de la nueva campaña.
En este marco, las empresas del sector ajustan sus planes comerciales, analizan coberturas y buscan mayor previsibilidad en contratos y plazos de entrega. El objetivo es aprovechar la mayor producción proyectada sin quedar excesivamente expuestos a un posible deterioro de las condiciones externas.
Impacto en la logística y desafíos para los productores
El incremento de los costos logísticos se suma a una estructura de gastos internos que ya viene tensionada por el precio de los combustibles, el mantenimiento de la maquinaria agrícola y los servicios de transporte de cargas. En muchos casos, el resultado final del productor dependerá de cómo se acomoden estos factores en los próximos meses.
Aun así, en el sector prevalece una mirada moderadamente optimista: una producción de 160 millones de toneladas configuraría una base sólida para encarar el próximo ciclo, siempre que el clima acompañe el tramo final de la campaña y que el mercado internacional no profundice las actuales turbulencias.
Con este telón de fondo, la evolución de la guerra en Medio Oriente y sus derivaciones sobre las rutas marítimas seguirán siendo un factor a monitorear de cerca por toda la cadena agroexportadora, que ve en la próxima cosecha una oportunidad concreta de recuperación luego de años complejos.





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