Canasta básica: una familia necesitó $1,4 millones en febrero

La actualización de la canasta básica en febrero volvió a encender las alarmas sobre el costo de vida: una familia tipo necesitó casi $1.400.000 para no ser considerada pobre, pese a una leve desaceleración en los precios de los alimentos.

De acuerdo a los últimos datos oficiales, la canasta básica total registró en febrero un aumento de 2,7%. Ese incremento define el umbral de pobreza, es decir, el nivel de ingresos que una familia necesita para cubrir alimentos y servicios esenciales.

En paralelo, la canasta básica alimentaria, que marca la línea de indigencia, mostró una desaceleración vinculada principalmente al comportamiento de frutas y verduras, que tuvieron subas menores respecto de meses anteriores e incluso ajustes a la baja en algunos casos puntuales.

Cómo impacta la suba de la canasta en los hogares

La canasta básica total se utiliza como referencia para establecer cuántos hogares están por debajo de la línea de pobreza. Si los ingresos familiares no alcanzan ese umbral, se considera que no pueden cubrir el conjunto de bienes y servicios indispensables.

En ese esquema, la canasta básica alimentaria funciona como indicador de indigencia. Marca el nivel mínimo de ingresos para garantizar una dieta calóricamente suficiente, sin contemplar otros gastos como transporte, vivienda, educación o salud.

La desaceleración de la canasta alimentaria de febrero se explica, en parte, por el comportamiento de productos frescos. Después de varios meses de fuertes incrementos, algunos precios de frutas y verduras moderaron la suba, lo que contuvo el índice general de alimentos.

Precios, inflación y poder adquisitivo

Aun con el menor ritmo de aumento, el nivel de la canasta básica sigue muy por encima de los salarios promedio. Especialistas señalan que la combinación de inflación alta y pérdida del poder de compra presiona cada vez más a los sectores de ingresos fijos.

El costo de la canasta básica también es un insumo clave para el diseño de políticas sociales y la actualización de ayudas estatales, ya que sirve como referencia para estimar cuántas personas necesitan asistencia para cubrir los consumos esenciales.

Mientras tanto, en los supermercados se consolida un cambio de hábitos: más búsqueda de segundas marcas, compras fraccionadas y uso intensivo de promociones para intentar compensar el encarecimiento de los productos básicos.

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