Una escuela de barrio Ludueña volvió a quedar en el centro de la escena por una nueva amenaza que obligó a suspender las clases y reforzar la seguridad en la zona.

La mañana de este lunes se vio alterada en la escuela ubicada en la esquina de Larrea y Vélez Sarsfield, en el corazón de barrio Ludueña de Rosario. En la puerta del establecimiento apareció un pedazo de tela con un mensaje intimidante, lo que activó de inmediato el protocolo de seguridad y derivó en la suspensión total de las clases.
Se trata del tercer episodio similar en apenas cuatro días en escuelas de la ciudad, lo que enciende las alarmas de la comunidad educativa y de las autoridades provinciales. Docentes y familias coinciden en el temor creciente por el uso del ámbito escolar como escenario de mensajes vinculados al delito.
La directora del establecimiento remarcó que los grupos criminales “están utilizando las escuelas para comunicarse”, en alusión a la aparición repetida de amenazas, notas o telas con mensajes alusivos a disputas del mundo delictivo.
Clases suspendidas y fuerte presencia policial
Tras el hallazgo del paño intimidante, autoridades escolares dieron aviso al 911 y a la regional del Ministerio de Educación. Móviles policiales llegaron al lugar, se perimetró el frente del edificio y los chicos que ya habían ingresado fueron retirados junto a sus familias.
Fuentes policiales indicaron que se dio intervención a la Fiscalía de Balaceras y Amenazas, que ordenó el relevamiento de cámaras de seguridad de la zona y la preservación del elemento hallado para peritajes. Se intenta determinar si el contenido del mensaje guarda relación con otras amenazas recientes.
Desde el Ministerio de Educación de Santa Fe reiteraron que ante cada amenaza se activa un protocolo que prioriza la seguridad de estudiantes, docentes y auxiliares. La decisión de suspender las actividades se tomó de manera preventiva, mientras se aguardaban las primeras medidas judiciales.
Escuelas bajo presión del delito
En los últimos años, Rosario viene registrando un aumento de hechos violentos ligados al crimen organizado, que incluyen balaceras, extorsiones y mensajes amenazantes. En este contexto, las escuelas de barrios vulnerables quedaron en la mira como espacios para enviar “señales” entre bandas o hacia el Estado.
Directivos y docentes denuncian que la situación genera un fuerte impacto emocional en la comunidad educativa. Las familias se preguntan si es seguro mandar a sus hijos a clases, mientras que los equipos escolares reclaman más presencia del Estado, acompañamiento psicológico y obras de infraestructura que brinden mayor protección.
Organizaciones sociales y gremiales señalan que la escuela es uno de los pocos espacios de contención en muchos barrios rosarinos y advierten que su utilización como canal de mensajes mafiosos busca sembrar miedo y desorganizar la vida cotidiana.
Mientras avanza la investigación, la comunidad de Ludueña insiste en el reclamo por políticas integrales que aborden la violencia, desde el refuerzo de la seguridad hasta programas sociales que ofrezcan alternativas concretas para niñas, niños y adolescentes.



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