Un informe académico encendió las alarmas sobre la situación de la industria argentina, al revelar una fuerte destrucción de empleo y una caída sostenida de la actividad en casi todos los rubros fabriles.

De acuerdo con un estudio de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), la industria argentina perdió alrededor de 100.000 puestos de trabajo desde 2023. Se trata de una destrucción de empleo que se da en paralelo con una menor producción y una reducción del peso del sector fabril dentro de la economía nacional.
El informe, elaborado por un equipo de economistas especializados en el sector real, advierte que la combinación de recesión, ajuste del gasto, caída del consumo interno y tasas de interés altas configuró un escenario especialmente adverso para las empresas manufactureras, en particular para las pequeñas y medianas industrias.
Si bien la destrucción de empleo se concentra en ramas como metalmecánica, textil, calzado y automotriz, los investigadores señalan que la contracción es generalizada y prácticamente no hay sectores industriales que escapen a la crisis.
Menos producción y menor peso de la industria en la economía
Según el estudio, la baja del empleo no puede explicarse sólo por procesos de modernización o incorporación de tecnología. Está fuertemente vinculada a una caída en los niveles de producción, que en muchos casos implica turnos reducidos, líneas de montaje paradas y cierres temporales o definitivos de plantas.
Los investigadores de la UBA remarcan que, en los últimos años, la industria perdió participación en el Producto Bruto Interno (PBI) y dejó de funcionar como uno de los motores centrales del empleo formal registrado. Este retroceso se traduce en menos trabajo de calidad y mayor presión sobre actividades de baja productividad.
En ese marco, advierten que el impacto es especialmente delicado en los cordones industriales de la provincia de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, donde la manufactura tiene fuerte presencia y sostiene el entramado de proveedores, talleres y servicios vinculados a la producción.
Señales de crisis y desafíos para la política económica
El trabajo de la UBA interpreta estos datos como señales claras de crisis en el sector industrial. La retracción del empleo formal suele ser un indicador rezagado respecto de la actividad: primero se reduce la producción, luego se ajustan las horas extras y, finalmente, llegan los despidos o la no renovación de contratos.
Los autores del informe sostienen que, sin un cambio en el rumbo macroeconómico, será difícil revertir la tendencia. Plantean la necesidad de políticas activas de financiamiento productivo, alivio impositivo para sectores críticos y promoción de exportaciones con valor agregado, con el objetivo de sostener plantas en funcionamiento y preservar puestos de trabajo.
También remarcan que la industria es clave para generar empleos con mejores salarios y mayor formalización, en comparación con sectores como el comercio o los servicios de baja calificación. Por eso, alertan que la continuidad de la caída podría profundizar la precarización laboral y ampliar las brechas sociales.
En paralelo, distintos analistas vienen marcando que la recuperación de la actividad manufacturera suele ser más lenta que la de otros sectores, por lo que las decisiones que se tomen en el corto plazo serán determinantes para evitar una pérdida estructural de capacidades productivas.
Cómo afecta a los trabajadores y a las economías regionales
La destrucción de 100.000 empleos industriales implica, además de un impacto directo sobre las familias, un golpe para las economías locales que dependen del salario fabril para mover el comercio y los servicios. Cuando una planta reduce personal, se resiente el consumo en toda la zona.
Frente a este escenario, sindicatos y cámaras empresarias coinciden en el diagnóstico de gravedad, aunque difieren sobre las recetas. Mientras las organizaciones de trabajadores piden frenar despidos y proteger convenios, muchos empresarios reclaman alivios de costos y un horizonte de estabilidad macroeconómica.
El diagnóstico de la UBA se suma a otros relevamientos privados que vienen marcando meses consecutivos de caída en la producción manufacturera, y refuerza la discusión sobre cuál debe ser el lugar de la industria nacional en el modelo de desarrollo de los próximos años.



Comentarios