Los primeros datos de la actividad económica de enero muestran un inicio de año con señales mixtas: mientras la industria insinúa un leve repunte, el sector agropecuario atraviesa un marcado repliegue que condiciona las proyecciones para 2025.

En enero se disipó el impulso extraordinario que había aportado la cosecha de trigo en los últimos meses de 2025. Ese factor, clave para explicar el rebote de fines de año, perdió fuerza y dejó al desnudo la fragilidad del sector agroexportador, muy dependiente del clima, los precios internacionales y las reglas cambiarias.
En paralelo, la industria manufacturera mostró algunos indicios de recuperación, sostenida por rubros vinculados al consumo masivo y por una mejora puntual en la producción de bienes durables. Sin embargo, los analistas advierten que se trata de un rebote de baja base de comparación, luego de varios meses de caída.
Un agro en retroceso tras el impulso del trigo
Con la cosecha de trigo prácticamente concluida, los ingresos extraordinarios por exportaciones comenzaron a reducirse. Economistas consultados señalan que el agro podría aportar menos dinamismo a la economía en el primer trimestre, hasta que avance la cosecha gruesa de soja y maíz.
El menor volumen de camiones hacia los puertos y una baja en la liquidación de divisas ya se sienten en las cadenas logísticas y en las localidades del interior ligadas al campo. Para muchas economías regionales, el freno agropecuario implica menos actividad comercial y presión extra sobre el empleo.
En este contexto, especialistas remarcan la necesidad de reglas claras y previsibles para incentivar la inversión en tecnología y riego, con el objetivo de amortiguar el impacto de la volatilidad climática y de precios.
Señales de mejora en la industria, pero con cautela
Del lado industrial, algunos indicadores adelantados muestran un incremento en el uso de la capacidad instalada y un leve repunte en sectores como alimentos, bebidas y ciertos segmentos de la metalmecánica. También se registró una mejora acotada en la producción de bienes ligados a la construcción.
No obstante, las cámaras empresarias advierten que la demanda interna sigue débil y que persisten dificultades de financiamiento, costos elevados y expectativas frágiles. Mucho del movimiento actual responde, explican, a la recomposición de stocks luego de varios meses de parate.
Hacia adelante, el desempeño del sector dependerá de la evolución del salario real, de la inflación y de la estabilidad cambiaria. Un escenario de mayor previsibilidad podría sostener el rebote, mientras que un nuevo ajuste fuerte del consumo volvería a poner presión sobre las plantas industriales.
Perspectivas para los próximos meses
Con un agro en retroceso y una industria que recién empieza a mostrar signos de vida, enero deja un panorama ambiguo para la economía argentina. El segundo trimestre será clave para confirmar si el repunte industrial se consolida o queda en un simple rebote estadístico.
Los analistas insisten en que la estabilidad macroeconómica, la reducción de la inflación y la recuperación del poder de compra serán determinantes para que la actividad gane tracción. Mientras tanto, el mercado laboral permanece bajo presión, con empleo privado que se mueve con cautela ante la incertidumbre.
En ese marco, el desempeño de la economía real seguirá de cerca las decisiones de política económica, las condiciones financieras internacionales y la evolución del clima para el campo, tres variables que definirán el rumbo de 2025.



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