La industria cayó 4,4% interanual pero mostró un leve rebote

Un informe privado mostró que la actividad industrial cerró diciembre con una caída interanual, aunque registró una tenue mejora frente al mes previo y abre el debate sobre cómo seguirá el sector en medio del ajuste del consumo.

De acuerdo al relevamiento de la consultora Orlando Ferreres, la actividad industrial se contrajo 4,4% interanual en diciembre. El dato confirma que el sector fabril cerró 2024 en terreno negativo, afectado por la pérdida de poder adquisitivo y la menor demanda interna.

No obstante, en la comparación con noviembre la industria mostró un leve repunte mensual. El rebote se explicó, en parte, por una cierta normalización de la producción tras paradas técnicas y por la recomposición de algunos stocks de cara a las Fiestas y al inicio del año.

Especialistas advierten que este movimiento alcista de corto plazo todavía no configura un cambio de tendencia. La industria viene de varios meses de retrocesos y se mantiene por debajo de los niveles prepandemia.

Qué dice la consultora sobre enero y febrero

Desde Orlando Ferreres aclararon que las mediciones de enero y febrero pueden presentar distorsiones vinculadas a la estacionalidad. En esos meses suelen registrarse paradas de planta, vacaciones del personal y cambios en los turnos productivos.

Por ese motivo, recomiendan analizar los datos con cautela y observar el desempeño del trimestre completo antes de sacar conclusiones firmes. El sector automotor, el metalmecánico y el de la construcción son algunos de los rubros más sensibles a esos movimientos estacionales.

Al mismo tiempo, la consultora remarcó que la dinámica de los próximos meses estará fuertemente atada a la evolución del tipo de cambio, las tarifas y la política de ingresos, variables que inciden tanto en los costos como en el consumo interno.

Tensiones por la caída del consumo

En su informe, Ferreres anticipó que en el corto plazo se verán “algunas tensiones en la industria” derivadas de la baja del consumo. La suba de precios, el ajuste de tarifas y la pérdida de poder adquisitivo presionan sobre las ventas de bienes durables y no durables.

Los sectores vinculados al mercado interno, como alimentos y bebidas, textil, calzado y línea blanca, ya muestran señales de desaceleración. Varias empresas analizan reducir turnos, extender vacaciones o aplicar esquemas de suspensiones para adecuar la producción a la demanda efectiva.

En paralelo, algunas ramas exportadoras encuentran cierto alivio gracias al tipo de cambio real más alto y a la demanda de mercados externos, aunque persisten las dificultades para acceder a insumos importados y financiar capital de trabajo.

Qué puede pasar con el empleo y la inversión

Con una industria que no termina de recuperarse, el empleo formal en el sector fabril enfrenta un escenario desafiante. Las empresas priorizan sostener los puestos existentes, pero postergan nuevas contrataciones hasta tener mayor claridad sobre la demanda y las reglas de juego macroeconómicas.

En cuanto a la inversión productiva, los analistas señalan que solo se activará con mayor fuerza si el Gobierno logra reducir la inflación, estabilizar el tipo de cambio y dar señales de previsibilidad en impuestos y regulaciones. Mientras tanto, predominan las decisiones de mantenimiento y mejoras puntuales.

Para la industria argentina, el desafío de 2025 será atravesar este período de ajuste sin profundizar la destrucción de capacidades productivas, a la espera de una recomposición del consumo que permita sostener un sendero de crecimiento más estable.

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