El regreso al trabajo y al estudio después de las vacaciones puede sentirse como un choque brusco: cansancio, irritabilidad y falta de concentración son señales frecuentes del llamado síndrome postvacacional.

Aunque no figura en los manuales médicos como una enfermedad, el síndrome postvacacional es un cuadro reconocido por psicólogos y especialistas en salud laboral. Suele aparecer en los primeros días o semanas de la vuelta a la rutina, con síntomas que van desde el desgano hasta una sensación de ansiedad constante.
Los cambios abruptos de horario, la alteración del sueño y la acumulación de estrés previa a las vacaciones son factores que predisponen a este malestar. A eso se suma, muchas veces, la presión por alcanzar objetivos laborales en un contexto económico complejo como el argentino.
Qué es el síndrome postvacacional
El síndrome postvacacional es una respuesta de adaptación del organismo cuando pasa, de forma repentina, de un período de descanso a uno de intensa actividad. Se manifiesta sobre todo en personas que retoman jornadas largas, tareas rutinarias o ambientes laborales tensos.
Entre los síntomas más habituales aparecen:
- Cansancio físico y mental.
- Dificultades para concentrarse.
- Trastornos del sueño o insomnio.
- Irritabilidad, tristeza o apatía.
- Dolores de cabeza y tensión muscular.
Especialistas en salud mental remarcan que estos signos no deben confundirse con una depresión clínica. En la mayoría de los casos, el cuadro se atenúa en una o dos semanas, a medida que la persona se readapta a la rutina.
Claves para una vuelta más saludable
Para reducir el impacto del síndrome postvacacional, psicólogos recomiendan planificar el regreso con cierta anticipación. Volver uno o dos días antes del inicio formal del trabajo ayuda a reordenar horarios de sueño, comidas y actividades.
También es importante evitar, en lo posible, recargarse de tareas en la primera semana. Retomar de manera gradual, estableciendo prioridades y delegando lo que no sea urgente, puede marcar una diferencia en el ánimo.
Otra recomendación es sostener algunos hábitos propios de las vacaciones: caminar, hacer actividad física moderada, reservar tiempo para leer o compartir momentos con amigos y familia. Mantener espacios de disfrute durante la semana ayuda a equilibrar la exigencia laboral.
En casos donde el malestar se prolonga más allá de un mes, se intensifica o interfiere con la vida cotidiana, los especialistas sugieren realizar una consulta profesional para descartar otros trastornos del estado de ánimo.
Una señal sobre el vínculo con el trabajo
El síndrome postvacacional también funciona como una alerta sobre cómo nos relacionamos con el trabajo y el estudio. Si la sola idea de volver genera rechazo, puede ser momento de revisar condiciones laborales, carga horaria y expectativas.
“No se trata de patologizar el regreso, sino de aprovecharlo como una oportunidad para ordenar el año y priorizar la salud mental”, coinciden los profesionales consultados.
Armarnos una agenda realista, que combine obligaciones y momentos de descanso, puede hacer que la vuelta a la rutina sea menos abrupta y más sostenible en el tiempo.



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