Un vecino decidió ir un paso más allá en materia de seguridad y supervivencia: compró un viejo Boeing 737 y planea enterrarlo en el patio de su casa para convertirlo en un búnker subterráneo conectado a una red de túneles.

Un proyecto extremo de seguridad y supervivencia
El protagonista de esta historia es de Derbyshire, Inglaterra. Se llama Dave Billings y tiene 44 años. Dave compró un Boeing 737 fuera de servicio con un objetivo tan llamativo como ambicioso: transformarlo en un refugio subterráneo en su propio terreno. El fuselaje será enterrado y acondicionado para funcionar como un búnker habitable ante eventuales emergencias.
La iniciativa forma parte de una infraestructura subterránea que el hombre ya viene desarrollando desde hace años. En su patio cuenta con una red de túneles interconectados que, según trascendió, utiliza para almacenamiento, seguridad y como espacio de experimentación para sistemas de supervivencia.
En los últimos años crecieron en distintos países los proyectos de refugios privados, impulsados por la preocupación por desastres naturales, crisis climáticas, conflictos bélicos y hasta el temor a un colapso económico global. Este caso lleva la tendencia un paso más allá, reutilizando un avión completo como estructura principal.
Cómo se adapta un avión para usarlo bajo tierra
Especialistas en arquitectura subterránea explican que el fuselaje de un avión ofrece ventajas estructurales: es liviano, aerodinámico y resistente a la presión externa, lo que lo convierte en una buena base para un refugio si se lo refuerza correctamente.
Para poder utilizar un Boeing 737 bajo tierra se requieren obras complejas:
- Excavar una fosa lo suficientemente profunda y amplia para alojar el fuselaje.
- Instalar refuerzos de hormigón en las paredes y el piso para evitar filtraciones y deslizamientos.
- Garantizar sistemas de ventilación, salidas de emergencia y acceso seguro desde la superficie.
- Adaptar el interior con aislamiento térmico, provisión de agua, energía y almacenamiento de alimentos.
En muchos países este tipo de obra requiere permisos municipales, estudios de impacto y controles sobre el uso del suelo. Además, se deben respetar normas de seguridad eléctrica, sanitaria y contra incendios.
La fiebre de los búnkeres privados
El auge de los llamados preppers, personas que se preparan para escenarios de catástrofe, impulsó un mercado creciente de búnkeres personalizados. Desde contenedores marítimos enterrados hasta refugios de lujo con piscinas y cines, proliferan las propuestas para transformar el subsuelo en un eventual salvavidas.
En este contexto, la reutilización de aviones en desuso aparece como una variante llamativa. Algunas iniciativas los convierten en casas ecológicas, hoteles temáticos o atracciones turísticas; en este caso, el destino será un refugio cerrado, pensado para situaciones extremas.
Más allá de lo extravagante del proyecto, la discusión de fondo vuelve sobre la misma pregunta: qué tan preparados estamos frente a emergencias reales y qué rol deben asumir los Estados y las comunidades frente a estos escenarios, más allá de las iniciativas individuales.



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