Nvidia y OpenAI avanzan en una negociación clave que podría redefinir el mapa de la inteligencia artificial generativa, con una inyección millonaria de capital y tecnología que aún genera interrogantes en Wall Street.

Según trascendió en los últimos días, Nvidia ultima detalles para concretar una inversión cercana a los u$s30.000 millones en OpenAI, la start up de inteligencia artificial responsable de ChatGPT. La operación, que combinaría capital, créditos y provisión de hardware, se inscribe en un plan más ambicioso que apunta a movilizar hasta u$s100.000 millones en el mediano plazo.
La cifra refleja el rol central que ocupa hoy Nvidia en la carrera por la IA generativa. Sus unidades de procesamiento gráfico (GPU) H100 y B200 son el insumo crítico para entrenar y operar modelos de gran escala, un negocio que ya impulsa valuaciones récord y fuerte competencia entre gigantes tecnológicos.
Un acuerdo estratégico en medio de la fiebre por la IA
De concretarse, la inyección de u$s30.000 millones daría a OpenAI mayor músculo financiero para ampliar su infraestructura en la nube, desarrollar nuevos modelos y fortalecer servicios de pago para empresas. A la vez, consolidaría a Nvidia como proveedor casi excluyente del hardware que sostiene estos sistemas.
El diseño del esquema todavía genera dudas entre analistas, en especial respecto a cómo se contabilizará la inversión, qué parte se destinará a equipamiento y cuál a participación accionaria directa. También hay interrogantes sobre la eventual participación de otros socios tecnológicos y fondos soberanos interesados en el proyecto.
Dudas sobre el objetivo de los u$s100.000 millones
Si bien se menciona un plan global de hasta u$s100.000 millones vinculado a centros de datos de nueva generación, fuentes del mercado advierten que aún no hay compromisos firmes por ese monto. La cifra funcionaría más como una proyección de máxima que como una meta contractual cerrada.
En ese contexto, los u$s30.000 millones aparecen como un primer paso para medir el impacto regulatorio y la reacción de los inversores. Los reguladores de Estados Unidos y Europa siguen de cerca estas movidas, atentos a la posible concentración de poder en pocas compañías capaces de controlar la infraestructura crítica de la IA.
Para Nvidia, la apuesta también implica riesgos. La fuerte dependencia del negocio de IA la expone a cambios regulatorios, eventuales restricciones de exportación de chips avanzados y a la posibilidad de que surjan competidores con arquitecturas alternativas más baratas o eficientes.
Impacto global y efectos en la región
La alianza con OpenAI refuerza el liderazgo de las grandes tecnológicas estadounidenses en un campo que ya impacta en servicios financieros, salud, educación y medios de comunicación. Para América Latina, y en particular para la Argentina, el avance de estas plataformas abre tanto oportunidades como desafíos.
Por un lado, se multiplican las herramientas de automatización y análisis de datos que pueden mejorar la productividad de empresas y organismos públicos. Por otro lado, crece la preocupación por la dependencia tecnológica, la protección de datos personales y la necesidad de marcos regulatorios que acompañen el despliegue de estos sistemas.
Mientras el mercado espera definiciones sobre el tamaño real del desembolso, Nvidia y OpenAI mantienen negociaciones reservadas. La magnitud de los números en danza muestra que la próxima etapa de la economía digital se jugará, en buena medida, en los centros de datos que ambas compañías buscan escalar a nivel mundial.



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