La inflación que enfrentan las empresas al comprar insumos y mercadería mostró un freno en enero, con impacto directo sobre los costos de producción y la formación de precios al consumidor.

El Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) registró en enero una suba de 1,7% frente a diciembre de 2025, lo que marcó una desaceleración respecto de los meses previos. En la comparación interanual, el indicador acumuló un incremento de 26,4% en los últimos doce meses.
Este dato es seguido de cerca por analistas, empresas y el propio Gobierno, ya que la inflación mayorista suele anticipar la dinámica de los precios al consumidor. Una menor variación en esta etapa de la cadena puede aliviar la presión sobre las góndolas en los próximos meses.
¿Qué mide la inflación mayorista?
El IPIM releva la evolución de los precios de los bienes transados dentro del país, tanto de origen nacional como importado, antes de llegar al consumidor final. Incluye productos agropecuarios, manufacturas, energía, insumos industriales y bienes importados que se venden en el mercado interno.
Cuando la inflación mayorista se desacelera, suele interpretarse como un posible alivio futuro sobre la inflación minorista, aunque esa relación no siempre es lineal. Factores como márgenes de comercialización, tarifas reguladas, impuestos y tipo de cambio pueden alterar la velocidad y la magnitud con la que este menor ritmo se traslada a los precios al público.
Impacto en empresas y consumidores
Para las empresas industriales y comerciales, una variación mensual del 1,7% en la inflación mayorista implica una moderación en el aumento de costos. Esto puede dar margen para planificar compras, negociar con proveedores y evitar ajustes bruscos en las listas de precios.
En el caso de los comercios minoristas, especialmente supermercados y autoservicios, la menor presión mayorista podría permitir promociones más agresivas o postergar remarcaciones. Sin embargo, la decisión final depende del contexto de ventas, del salario real de los consumidores y del nivel de competencia en cada rubro.
Desde la óptica de los hogares, el dato aporta una señal cautelosamente positiva en un escenario de pérdida de poder adquisitivo. Si la tendencia se sostiene en los próximos meses y se combina con mejoras salariales, podría empezar a recomponer parte del consumo que se vio resentido por la inflación acumulada.
Señales para la economía argentina
Especialistas en macroeconomía señalan que una inflación mayorista anual del 26,4% sigue siendo elevada, aunque el dato de enero muestra cierto enfriamiento respecto de los picos previos. El desafío es lograr que esta desaceleración sea sostenida en el tiempo y se refleje de manera clara en los índices de inflación al consumidor.
La evolución de los precios mayoristas también está condicionada por el comportamiento del tipo de cambio, las tarifas de servicios públicos y los costos logísticos. Un salto en alguna de estas variables puede volver a acelerar el índice en pocos meses, por lo que los analistas advierten que aún es temprano para hablar de una tendencia consolidada.
En este contexto, el sector privado sigue atento a las definiciones oficiales en materia fiscal y monetaria, mientras monitorea de cerca la reacción del consumo. La combinación entre costos mayoristas, salarios y tasas de interés será clave para determinar si la economía logra salir del terreno de la estanflación y encarar una etapa de crecimiento más estable.




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