Un equipo de paleontólogos halló un nido fósil con diez huevos de dinosaurio conservados de manera excepcional en un acantilado rocoso, un registro único tras millones de años bajo la tierra.

El descubrimiento se produjo en un acantilado de roca sedimentaria, donde afloraba un bloque con formas circulares que llamaron la atención de los especialistas. Tras el análisis, confirmaron que se trataba de un nido completo de dinosaurio, preservado durante unos 150 millones de años.
Según explicaron los investigadores, la disposición de los huevos demuestra que no es una acumulación producto de corrientes o derrumbes, sino una puesta original realizada por un mismo animal. Esta organización en el sedimento permite reconstruir cómo se comportaban estas especies a la hora de reproducirse.
Una ventana al Jurásico
Los huevos, de tamaño similar a pelotas de rugby, conservan su forma casi completa pese al paso del tiempo. Los análisis preliminares los ubican en el Jurásico tardío, una etapa en la que los dinosaurios dominaban los ecosistemas terrestres del planeta.
Descubrimientos como este aportan información clave sobre la reproducción y el cuidado de las crías. La disposición ordenada del nido sugiere que el dinosaurio pudo haber excavado una cavidad en el suelo y acomodado los huevos en capas, una conducta observada también en otros fósiles hallados en distintas partes del mundo.
Los especialistas señalan que, en algunos grupos de dinosaurios, los adultos se quedaban cerca del nido para protegerlo de depredadores, algo similar a lo que hacen muchas aves actuales. Si bien aún no se pudo determinar la especie exacta, el hallazgo alimenta la hipótesis de un comportamiento reproductivo complejo.
¿Cómo trabajarán sobre el fósil?
El bloque que contiene los huevos será trasladado a un laboratorio especializado, donde se iniciará un proceso minucioso de limpieza y consolidación. Con herramientas de precisión, se irán retirando las capas de roca para exponer cada pieza sin dañarla.
Luego se realizarán estudios mediante tomografías computadas y otras técnicas no invasivas, que permiten observar el interior de los huevos y detectar restos embrionarios. Si se conservan tejidos fosilizados, se podrá conocer mejor su desarrollo y establecer comparaciones con otros ejemplares conocidos.
Los paleontólogos remarcan que estos nidos aportan datos sobre el clima, la vegetación y el ambiente de la época, ya que el sedimento que los rodea guarda información microscópica de polen, restos de plantas y partículas minerales.
¿Por qué estos hallazgos siguen sorprendiendo?
Cada hallazgo de huevos de dinosaurio abre una nueva línea de investigación. Permite revisar teorías sobre el crecimiento de las crías, los tiempos de incubación y el número de huevos por puesta. Además, renueva el interés del público por la paleontología y el patrimonio fósil.
En varias regiones de Argentina, especialmente en la Patagonia, se han hallado nidos masivos que convirtieron a esos paisajes en referencia mundial. Este nuevo descubrimiento se suma a la lista de registros clave para entender cómo vivieron y se extinguieron estos animales que marcaron la historia de la Tierra.
Una vez finalizados los estudios, se espera que el nido pueda ser exhibido en un museo, acompañado por información didáctica para que el público conozca de primera mano cómo luce una puesta de dinosaurio preservada desde hace millones de años.




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