Santo Stefano di Sessanio, el diminuto pueblo medieval que renació

Enclavado en las montañas de los Abruzos, Santo Stefano di Sessanio pasó de quedar destruido por un terremoto a convertirse en uno de los pueblos medievales más fascinantes de Italia, elegido por viajeros que buscan historia, silencio y paisajes de película.

Con apenas 120 habitantes estables, Santo Stefano di Sessanio parece detenido en el tiempo. Sus murallas, casonas de piedra clara y callejones empedrados cuentan una historia que se remonta a la Edad Media, cuando el pequeño poblado formaba parte de una importante ruta comercial en el corazón de los Apeninos.

El gran punto de quiebre fue el terremoto de L’Aquila de 2009, que afectó con dureza a toda la región de Abruzzo. Varias construcciones quedaron seriamente dañadas y el futuro del pueblo llegó a ponerse en duda. Sin embargo, un ambicioso proyecto de restauración cambió el destino del lugar.

¿Qué es un “albergo diffuso” y por qué atrae a turistas?

La gran particularidad de Santo Stefano di Sessanio es su “albergo diffuso” o “hotel disperso”. En lugar de concentrarse en un solo edificio, las habitaciones se reparten en antiguas casas del casco histórico, restauradas respetando su arquitectura original.

La idea, impulsada en los años 2000 y consolidada después del sismo, fue revivir el pueblo sin transformarlo en un parque temático. Las fachadas se mantuvieron intactas, se preservaron puertas, ventanas y escalinatas, y los interiores se adaptaron con comodidades modernas, pero sin perder el estilo rústico.

Para los viajeros, alojarse en un albergo diffuso implica moverse como un vecino más: salir a la plaza principal, cruzarse con los pocos residentes, comprar productos locales y caminar entre galerías de piedra que se iluminan suavemente al caer la tarde.

Calles empedradas, historia y naturaleza en los Abruzos

El pueblo está dentro del Parque Nacional del Gran Sasso y Montes de la Laga, una de las áreas naturales más valiosas de Italia central. Desde sus miradores se aprecian colinas, bosques y montañas que en invierno suelen cubrirse de nieve, mientras que en verano invitan a hacer trekking y recorridos panorámicos.

Entre los puntos destacados del casco histórico se encuentran la torre de vigilancia –parcialmente reconstruida tras el terremoto–, la iglesia parroquial y las antiguas viviendas que conservan arcos, pasadizos y pequeñas ventanas que miran al valle. Todo en distancias cortas, pensadas para recorrer a pie y sin apuro.

En los últimos años, la difusión en redes sociales y en medios especializados en turismo hizo que Santo Stefano di Sessanio se convirtiera en un destino boutique, elegido por quienes buscan experiencias más tranquilas y auténticas que los grandes circuitos masivos de Italia.

Sabores locales y experiencias para viajeros curiosos

La vida cotidiana del pueblo gira en torno a pequeños restaurantes y hosterías que ponen en valor la gastronomía regional de Abruzzo. No faltan platos con cordero, legumbres de montaña, quesos artesanales y vinos producidos en viñedos cercanos.

Muchos alojamientos ofrecen actividades pensadas para estadías cortas: caminatas guiadas por senderos históricos, talleres de cocina tradicional, recorridos por antiguos puestos de pastores y visitas a pueblos vecinos como Castel del Monte o Calascio, famoso por su fortaleza sobre la roca.

Aunque el número de residentes permanentes siga siendo bajo, la llegada de turistas impulsó la apertura de nuevos servicios y ayudó a sostener la economía local, sin perder la escala íntima y silenciosa que hace único a este rincón de Italia.

Para viajeros argentinos que ya conocen Roma, Florencia o Venecia, Santo Stefano di Sessanio asoma como una alternativa distinta: un pequeño pueblo medieval que supo levantarse de los escombros y hoy ofrece una experiencia de turismo responsable, en equilibrio entre memoria, paisaje y hospitalidad.

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