Una nueva herramienta de inteligencia artificial capaz de recrear peleas hiperrealistas entre estrellas como Brad Pitt y Tom Cruise reavivó el temor en Hollywood por el futuro de los derechos de imagen y de autor.

Una IA que pone en jaque a la industria audiovisual
Seedance 2.0 es la última evolución de las plataformas de generación de video mediante inteligencia artificial. Desarrollada por la empresa china ByteDance, la misma dueña de TikTok, la herramienta logró recrear videos de peleas entre Brad Pitt y Tom Cruise con un nivel de detalle que, a simple vista, resulta casi imposible de diferenciar de una filmación real.
Las escenas se viralizaron en redes y encendieron alarmas en los grandes estudios estadounidenses. No se trata solo de una demostración técnica: el uso de la imagen de actores sin autorización directa abre un conflicto legal y ético que la industria cinematográfica venía anticipando desde el boom de los deepfakes, pero que ahora parece haber dado un salto cualitativo.
La Motion Picture Association (MPA), que nuclea a los principales estudios de Hollywood, emitió un comunicado advirtiendo sobre la violación de derechos de autor y de imagen, y señalando que este tipo de desarrollos “podría marcar un punto de inflexión” para el negocio audiovisual tal como se lo conoce.
Chinese company ByteDance released its latest AI model, “Seedance 2.0,” just 48 hours ago.
— China pulse 🇨🇳 (@Eng_china5) February 12, 2026
Someone tested the new version by giving it a prompt to generate a fight scene between Brad Pitt and Tom Cruise, with their dialogue during the fight revolving around the Epstein files.… pic.twitter.com/LiG8iKyWKa
Derechos de autor, imagen y un conflicto que recién empieza
Según especialistas en propiedad intelectual, las herramientas como Seedance 2.0 combinan grandes bases de datos de imágenes y videos de celebridades con modelos de IA capaces de generar movimientos y expresiones en tiempo real. El resultado son producciones que imitan rostros, gestos y estilos de actuación de figuras consagradas sin que estas participen ni cobren por ello.
La MPA cuestionó que ByteDance no cuente con licencias claras sobre los materiales utilizados para entrenar sus modelos, ni mecanismos transparentes para evitar el uso indebido de contenido protegido. El organismo recordó que, en Estados Unidos, ya se discuten nuevas leyes para resguardar la identidad digital de los intérpretes y la integridad de las obras audiovisuales frente al avance de la IA.
En paralelo, sindicatos de actores y guionistas que el año pasado llevaron adelante huelgas históricas por el impacto de la IA en el empleo, consideran que estos videos son la prueba de que sus reclamos estaban justificados. Para muchos de ellos, el escenario actual obliga a negociar cláusulas más estrictas sobre el uso del rostro y la voz en entornos digitales.
¿Innovación o amenaza para el cine del futuro?
Del lado de la industria tecnológica, algunas voces sostienen que herramientas como Seedance 2.0 abren posibilidades creativas inéditas para el cine, la publicidad y los contenidos en redes. Permitirían recrear escenas imposibles, abaratar costos y experimentar con nuevas formas de narrar historias. Sin embargo, incluso entre los defensores de la IA reconocen que hace falta un marco regulatorio más claro.
Productores y directores en Hollywood temen que la masificación de estos videos termine por erosionar la confianza del público en lo que ve en pantalla. Si cualquier usuario puede generar escenas verosímiles con figuras mundialmente conocidas, diferenciar entre una producción oficial y un montaje será cada vez más difícil.
Mientras tanto, la polémica en torno a Seedance 2.0 funciona como un anticipo de debates que también empiezan a darse en otras industrias culturales: desde la música generada por IA con voces clonadas, hasta ilustraciones y guiones producidos sin participación humana directa. El consenso entre especialistas es que la discusión ya no es tecnológica, sino política y legal: quién controla la IA y bajo qué reglas.
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