Los últimos datos oficiales sobre la canasta básica confirman que el costo de vida sigue en alza y que cada vez es más difícil para los hogares argentinos no caer por debajo de la línea de pobreza.

Imagen: Ámbito
Durante enero, la canasta básica alimentaria (CBA), que marca el umbral de indigencia, aumentó 5,8%, mientras que la canasta básica total (CBT), que determina la línea de pobreza, subió 3,9%. Con estas variaciones, una familia tipo necesitó más de $1.360.000 mensuales para no ser considerada pobre.
Qué miden la CBA y la CBT
La CBA releva el costo mínimo de alimentos esenciales para cubrir las necesidades calóricas de una persona adulta. La CBT, en cambio, suma otros gastos básicos como transporte, vestimenta, educación y servicios, y se utiliza como referencia para medir la pobreza por ingresos en la Argentina.
Según los datos informados, en la comparación interanual la CBA saltó 37,6% y la CBT avanzó 31,6%. Estos porcentajes muestran cómo la inflación en alimentos y servicios sigue presionando sobre los sectores de menores recursos y sobre los trabajadores con ingresos fijos.
En la práctica, el dato implica que un hogar de cuatro integrantes que no alcance el monto de la CBT es considerado pobre, mientras que quienes no llegan a cubrir la CBA se ubican por debajo de la línea de indigencia, sin recursos suficientes para garantizar una alimentación básica.
Impacto en los hogares y en el consumo
El incremento de la canasta básica se traduce en una pérdida sostenida del poder adquisitivo. Muchos hogares reemplazan productos frescos por opciones más económicas, reducen marcas, porciones o directamente dejan de consumir algunos alimentos.
En paralelo, se profundiza el endeudamiento con tarjetas y el uso de cuotas para gastos corrientes, una señal de la dificultad creciente para afrontar los consumos del mes. Comercios de cercanía y supermercados también registran una caída en las ventas en volumen, aun cuando la facturación nominal sube por efecto de la inflación.
Especialistas en economía doméstica recomiendan comparar precios entre distintos puntos de venta, aprovechar promociones bancarias y priorizar alimentos de estación, aunque advierten que la suba generalizada de precios limita el margen de maniobra para las familias de menores ingresos.
Perspectivas y desafíos
Con una inflación todavía elevada, los analistas anticipan que las canastas básicas podrían seguir ajustándose en los próximos meses. La evolución de salarios, jubilaciones y programas sociales será clave para definir si más sectores caen por debajo de la línea de pobreza.
Además, la discusión por la actualización de paritarias y la política de ingresos cobra centralidad, ya que de ella depende que los hogares puedan, al menos, empatar la suba de la CBA y la CBT. Sin una mejora real en los ingresos, la presión sobre los presupuestos familiares seguirá en aumento.
En este contexto, el comportamiento de los precios en alimentos y tarifas será determinante para medir hasta dónde puede llegar el deterioro del poder de compra y cuántas familias quedarán debajo de los umbrales oficiales de pobreza e indigencia.




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