¿Cómo la mente influye en las defensas del cuerpo?

La ciencia vuelve a poner el foco en el vínculo entre lo que pensamos y cómo responde nuestro cuerpo ante una enfermedad. Un nuevo estudio explora hasta dónde las expectativas positivas pueden influir en el sistema inmunitario y qué límites tiene ese efecto.

Investigación científica sobre la relación entre mente y sistema inmunológico

Imagen: Clarín

La relación entre mente y salud dejó hace tiempo de ser solo una intuición popular. La psiconeuroinmunología, disciplina que estudia cómo influyen los procesos psicológicos en el sistema inmunitario, suma evidencia de que nuestras expectativas y estados de ánimo pueden modular, en parte, la respuesta del organismo frente a infecciones y tratamientos.

El nuevo trabajo, publicado en una revista científica internacional, analizó cómo reaccionaban pacientes expuestos a distintos cuadros leves de enfermedad cuando se les brindaba información que promovía una expectativa positiva frente a la evolución de los síntomas. Los investigadores observaron cambios medibles en marcadores inmunológicos y en la percepción del dolor y el malestar.

Según los resultados, quienes mantenían una actitud más confiada y contaban con un entorno de acompañamiento mostraron una mejor respuesta en indicadores vinculados a la inflamación, además de una recuperación subjetiva más rápida. No se trata de una “cura milagrosa”, remarcan los especialistas, sino de un factor que puede potenciar o entorpecer la eficacia de los tratamientos médicos tradicionales.

Buena parte de estas conclusiones se relaciona con el conocido efecto placebo, es decir, la mejoría que experimentan algunos pacientes al recibir una sustancia o intervención sin efecto farmacológico específico, pero en la que creen firmemente. Esa expectativa genera cambios reales en el cerebro que impactan en el sistema nervioso y, a través de él, en las defensas.

Neurocientíficos y médicos subrayan, sin embargo, que la mente no reemplaza a los tratamientos indicados para cuadros graves como cáncer, infecciones severas o enfermedades crónicas. Lo que sí muestra la evidencia es que mantener una actitud activa, informada y con apoyo emocional puede ayudar a tolerar mejor los tratamientos, mejorar la adherencia a la medicación y, en algunos casos, favorecer la respuesta inmune.

En Argentina, diversos equipos de investigación de universidades públicas y hospitales vienen explorando cómo influyen el estrés crónico, la ansiedad y la depresión en enfermedades autoinmunes y cardiovasculares. Reducir esos factores mediante terapia psicológica, actividad física regular y redes de contención social se asocia con una mejor evolución clínica.

Los especialistas recuerdan que no existen recetas mágicas, pero sí hábitos respaldados por estudios que favorecen un mejor funcionamiento de las defensas. Entre ellos se destacan:

  • Mantener controles médicos periódicos y no abandonar los tratamientos indicados.
  • Incorporar técnicas de manejo del estrés, como respiración consciente, meditación o yoga.
  • Cuidar el sueño, intentando respetar horarios regulares y un buen descanso nocturno.
  • Sostener una alimentación variada, con presencia de frutas, verduras y alimentos frescos.
  • Fortalecer los lazos sociales, el apoyo de familiares y amigos y, cuando sea necesario, pedir ayuda profesional.

El mensaje central de los expertos es claro: la mente sola no cura, pero puede convertirse en una aliada importante. Un enfoque que integre cuerpo, emociones y contexto social parece ser el camino más sólido para enfrentar la enfermedad y cuidar las defensas a largo plazo.

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