Elon Musk volvió a mover la vara de la exploración espacial con un proyecto que apunta a construir la primera ciudad autosustentable en la Luna, pensada para alojar vida humana de manera permanente y en un plazo que podría ser menor a diez años.

Imagen: Ámbito
El proyecto se inscribe en la visión de Musk de convertir a la humanidad en una especie multiplanetaria. Aunque su compañía SpaceX viene enfocando sus esfuerzos en Marte, la Luna aparece como el primer gran paso para probar tecnologías clave: hábitats sellados, producción de energía, reciclaje de agua y oxígeno, y logística de transporte regular entre la Tierra y su satélite natural.
¿Cómo sería la primera ciudad autosustentable lunar?
La idea de Musk contempla una base lunar escalable, que comience como un pequeño asentamiento científico y tecnológico y evolucione hacia una ciudad autosustentable. Los primeros módulos estarían construidos en forma de cúpulas o cilindros presurizados, con paredes reforzadas para proteger a los habitantes de la radiación y los micrometeoritos.
La autosustentabilidad se apoyaría en tres pilares centrales: generación de energía mediante paneles solares de alta eficiencia, uso de recursos lunares para obtener agua y oxígeno, y sistemas cerrados de reciclaje. El objetivo es reducir al mínimo la dependencia de insumos enviados desde la Tierra, que son costosos y complejos de transportar.
Para el suministro de agua, los planes de exploración apuntan a los polos lunares, donde existen depósitos de hielo en cráteres permanentemente a la sombra. Ese recurso podría procesarse para obtener agua potable y combustible a base de hidrógeno y oxígeno, clave para los cohetes y para la vida cotidiana en la ciudad.
Transporte, plazos y desafíos para vivir fuera de la Tierra
Musk sostiene que el proyecto podría comenzar a tomar forma en menos de una década, apoyado en el desarrollo del cohete Starship, diseñado para transportar grandes cargas y decenas de personas por viaje. Un sistema de lanzamientos frecuentes permitiría llevar a la Luna materiales de construcción, equipamiento científico y a los primeros residentes.
Sin embargo, el camino está lejos de ser sencillo. Además de los desafíos tecnológicos, la iniciativa requiere marcos regulatorios internacionales, acuerdos entre agencias espaciales y una enorme inversión privada y estatal. La vida cotidiana en un entorno de baja gravedad, días de intensa radiación solar y noches extremadamente frías también plantea interrogantes médicos y psicológicos.
Especialistas en política espacial señalan que una ciudad lunar podría convertirse en un laboratorio de innovación para nuevas formas de producir energía, reciclar residuos y organizar comunidades en ambientes extremos. Muchas de esas tecnologías, remarcan, podrían luego aplicarse en la Tierra, en contextos de crisis climática y demanda creciente de recursos.
Mientras tanto, Musk combina anuncios ambiciosos con pruebas técnicas concretas. Si los plazos se cumplen, la próxima década podría marcar el inicio de una nueva etapa: la presencia humana estable fuera de la Tierra, con la Luna como punto de partida hacia destinos más lejanos del sistema solar.




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