Un hábito sencillo, accesible para casi cualquier persona y avalado por especialistas en neurociencia puede ayudar a activar la memoria en apenas 24 horas, mejorar la concentración y, de yapa, levantar el estado de ánimo.

Caminar: el hábito simple que favorece al cerebro
La evidencia científica coincide en que caminar a paso ligero al menos 20 a 30 minutos al día es una de las formas más efectivas de estimular el funcionamiento del cerebro. Este hábito aumenta el flujo sanguíneo hacia las áreas vinculadas con la memoria y la atención, favoreciendo un mejor rendimiento cognitivo.
Al incrementar la circulación, el cerebro recibe más oxígeno y nutrientes. Estudios de universidades como Harvard y la Universidad de Columbia muestran que, incluso tras una sola sesión de caminata moderada, se registran mejoras inmediatas en la memoria de trabajo y en la capacidad para concentrarse en tareas concretas.
Dopamina, noradrenalina y mejor estado de ánimo
El efecto no es solo físico. Caminar también impulsa la liberación de dopamina y noradrenalina, dos neurotransmisores clave para la motivación, la regulación del estado de ánimo y la atención sostenida. Por eso, luego de una caminata muchas personas reportan sentirse más despejadas, con mayor energía y capacidad para encarar tareas intelectuales.
La dopamina está asociada con la sensación de recompensa y de logro, mientras que la noradrenalina ayuda al cerebro a enfocarse y responder al estrés. Este combo favorece que la información nueva se procese con mayor eficiencia, algo esencial para consolidar recuerdos a corto y mediano plazo.
Cómo incorporar el hábito en la rutina diaria
Los expertos recomiendan comenzar de manera gradual y realista. No es necesario entrenar como un deportista de élite: con 20 minutos de caminata moderada ya se observan beneficios. Lo importante es mantener una cierta regularidad y evitar los esfuerzos bruscos si no se está acostumbrado.
Algunas estrategias para sostener el hábito son:
- Aprovechar el viaje al trabajo o a la facultad para bajar unas cuadras antes.
- Programar una caminata corta después de comer, en lugar de volver directo a la silla.
- Usar aplicaciones o relojes inteligentes para contar pasos y fijar metas semanales.
- Invitar a un amigo o familiar para sumar un componente social y hacerlo más llevadero.
Los neurólogos destacan que el entorno también influye. Caminar en espacios verdes, con luz natural, puede potenciar aún más la sensación de bienestar y reducir el estrés, un factor que suele deteriorar la memoria cuando se vuelve crónico.
Qué dicen los especialistas en neurociencia
Investigaciones publicadas en revistas como Neurology y Journal of Alzheimer’s Disease señalan que las personas que mantienen una vida físicamente activa tienen menor riesgo de deterioro cognitivo en la vejez. Incluso en adultos jóvenes, una sola sesión de ejercicio aeróbico leve muestra mejoras momentáneas en pruebas de memoria.
“La actividad física regular es una herramienta sencilla, de bajo costo y altamente efectiva para proteger la salud cerebral a corto y largo plazo”, subrayan especialistas consultados por sociedades neurológicas internacionales.
En Argentina, neurólogos y médicos clínicos recomiendan complementar el ejercicio con hábitos como dormir bien, limitar el consumo de alcohol y mantener actividades intelectuales desafiantes, desde leer y estudiar hasta aprender un idioma o tocar un instrumento.
Claves para cuidar la memoria todos los días
Si bien caminar puede generar cambios perceptibles en 24 horas, los beneficios más fuertes se dan con la constancia. Especialistas recomiendan combinar:
- Actividad física moderada al menos 3 o 4 veces por semana.
- Alimentación variada, con frutas, verduras y fuentes de grasas saludables.
- Ejercicios de estimulación cognitiva, como juegos de memoria o crucigramas.
- Controles médicos periódicos para monitorear presión, colesterol y glucemia.
Aunque la memoria suele asociarse a la edad, los especialistas insisten en que nunca es tarde para empezar. Un cambio simple en la rutina, como sumar una caminata diaria, puede marcar una diferencia concreta en cómo pensamos, recordamos y nos sentimos cada día.



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