Axel Kicillof salió fortalecido de la interna del peronismo bonaerense, donde logró imponer su mayoría y ordenó el tablero político pensando en la pulseada nacional de 2027.

El gobernador bonaerense Axel Kicillof ganó aire político dentro del peronismo de la provincia de Buenos Aires. La interna partidaria le permitió confirmar algo que en los hechos ya sucedía: su sector es hoy la fuerza dominante en el PJ bonaerense y busca proyectar ese capital hacia el escenario nacional.
El resultado se leyó en su entorno como un paso “muy importante” de cara a 2027. Sin romper públicamente con nadie, Kicillof ordenó la tropa propia, envió un mensaje al resto del panperonismo y se posicionó como uno de los nombres fuertes que aspiran a disputar la candidatura presidencial dentro de tres años.
Una interna que ratifica liderazgos
En la estructura del peronismo bonaerense, la figura del gobernador ya concentraba peso específico en intendentes, sindicatos y organizaciones territoriales. La interna, lejos de exponer fisuras, funcionó como una ratificación de ese armado y como señal de continuidad de su proyecto político.
El dato político que más se comenta en los pasillos del PJ es que no hubo conversaciones directas con Cristina Fernández de Kirchner en la previa inmediata al cierre de listas. Esa distancia pública, sin embargo, no implica una ruptura formal, sino una reconfiguración de roles y márgenes de autonomía dentro del mismo espacio.
El kirchnerismo, nacido justamente en territorio bonaerense, atraviesa un proceso de transición generacional y de liderazgos. Kicillof intenta mostrarse como heredero de ese voto sin quedar atado a una sola figura y sumando a otros sectores que hoy se sienten huérfanos de representación nacional.
Proyección nacional y desafíos internos
Con la interna resuelta a su favor, el próximo objetivo del gobernador será ensanchar su base política. Eso implica tender puentes con gobernadores peronistas, bloques legislativos y referentes sindicales que observan a la provincia de Buenos Aires como el principal bastión opositor frente al proyecto liberal que hoy encabeza Javier Milei.
En paralelo, Kicillof deberá enfrentar la presión de la gestión cotidiana: inflación, salarios, paritarias docentes, seguridad y obra pública en el distrito más poblado del país. El éxito o fracaso de su administración será determinante para sostener una eventual candidatura competitiva a la presidencia en 2027.
En su entorno insisten en que no es momento de lanzar candidaturas, pero reconocen que cada movimiento interno se piensa con la mirada puesta en la Casa Rosada. La provincia funciona como plataforma y vidriera, y la interna ganada refuerza su capacidad de negociación hacia adentro y hacia afuera del peronismo.
Más allá de los nombres, la discusión de fondo en el PJ gira en torno al modelo de país a ofrecer como alternativa. Mientras Milei impulsa un programa de ajuste, desregulación y recorte del Estado, el sector de Kicillof se presenta como defensor de un esquema de Estado fuerte, intervención económica y ampliación de derechos sociales.
La intimidad del triunfo interno deja una certeza: el gobernador bonaerense no sólo quiere conservar la provincia, sino convertirse en un actor central en la reconstrucción del peronismo a nivel nacional y, eventualmente, en un postulante con peso propio en la pelea presidencial que se asoma en el horizonte.



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