Nuevos documentos desclasificados en Estados Unidos exponen una presunta ofensiva política y mediática impulsada por Jeffrey Epstein y Steve Bannon para debilitar la figura del papa Francisco y disputar el rumbo de la Iglesia Católica.

Los correos electrónicos, dados a conocer por la justicia norteamericana, muestran cómo Epstein y el exjefe de campaña de Donald Trump, Steve Bannon, habrían explorado estrategias para incidir en la política interna del Vaticano y promover un recambio en la jefatura de la Iglesia.
“Derribemos a Francisco”: la frase que encendió las alarmas
Uno de los correos más llamativos incluye la expresión “Derribemos a Francisco”, atribuida a interlocutores que discutían cómo organizar una ofensiva coordinada contra el Papa argentino. Según las filtraciones, el objetivo era erosionar su autoridad moral y cuestionar su liderazgo dentro de la curia romana.
La documentación apunta a que se buscaba articular una red de organizaciones católicas conservadoras, con financiamiento externo, para instalar un clima de desconfianza alrededor de las reformas impulsadas por Francisco, en especial aquellas vinculadas a la transparencia financiera, el abordaje de abusos y la apertura del diálogo social.
Fuentes cercanas a la investigación señalan que el esquema habría incluido campañas de presión, informes críticos y operaciones de comunicación segmentadas para influir en sectores de la Iglesia reacios a la línea del pontífice.
Un tablero donde se cruzan poder, religión y geopolítica
El rol de Epstein, financista vinculado a múltiples escándalos, y de Bannon, figura clave del ala dura del trumpismo, vuelve a poner en foco la intersección entre poder económico, proyectos políticos y disputas religiosas. Ambos ya habían mostrado interés en influir en espacios conservadores de Europa.
En paralelo, el papa Francisco se consolidó en la última década como una voz crítica de la desigualdad global, la especulación financiera y el avance de los discursos de odio. Esa agenda social, muy bien recibida en amplios sectores, generó fuertes resistencias en corrientes ultraconservadoras tanto dentro como fuera de la Iglesia.
Analistas consultados destacan que el caso refleja cómo el Vaticano sigue siendo un actor relevante en el escenario internacional, capaz de incomodar a gobiernos y grupos de poder cuando sus mensajes colisionan con intereses económicos o proyectos ideológicos.
El alcance real del plan y las reacciones en el mundo católico
Por ahora, no hay indicios de que el intento de “incursionar” en el Vaticano haya llegado a concretarse en decisiones institucionales de peso. Sin embargo, los correos revelan un nivel de planificación que preocupa a sectores católicos y abre interrogantes sobre las presiones externas a la Santa Sede.
En América Latina, y especialmente en Argentina, el caso suma un condimento extra: se trata del primer Papa nacido en el país, una figura que suele ser leída también en clave doméstica, en medio de las discusiones sobre pobreza, violencia y modelo económico.
Voceros del Vaticano evitaron, hasta el momento, comentar en detalle el contenido de los correos desclasificados, aunque recordaron que Francisco ha advertido en reiteradas ocasiones sobre los intentos de manipulación y polarización que atraviesan también a la Iglesia.
Mientras avanzan las causas judiciales en Estados Unidos, el caso se suma a una serie de episodios que muestran cómo el tablero religioso se ha convertido en un territorio de disputa política global, donde convergen campañas digitales, financiamiento opaco y batallas culturales de alto impacto.
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