Carne argentina a EE.UU.: qué cortes se irían y qué pasará acá

La posible apertura del mercado de Estados Unidos a la carne argentina reaviva un debate clásico: ¿cómo puede impactar en el asado, las milanesas y los precios en las góndolas locales?

Qué tipo de carne argentina podría comprar Estados Unidos

El gobierno argentino y autoridades sanitarias de Estados Unidos avanzan en acuerdos para habilitar el ingreso de carne vacuna argentina al mercado norteamericano. Se trata de un viejo reclamo del sector exportador, que ve en ese destino un fuerte potencial de demanda y mejores precios en dólares.

Los especialistas señalan que, en una primera etapa, el comercio se concentraría en cortes de alto valor, típicamente demandados para parrilla y gastronomía de calidad: bife angosto, bife ancho, lomo, cuadril y ojo de bife, entre otros. También podrían incluirse cortes enfriados y envasados al vacío, con fuerte presencia de marcas y certificaciones de origen.

Estados Unidos ya importa carne de países como Uruguay, Brasil y Australia. La llegada de Argentina al listado formalizaría un flujo comercial que el sector frigorífico considera estratégico para ganar mercados y recuperar niveles de actividad tras años de volatilidad.

¿Puede faltar carne para el asado y las milanesas?

El dato que enciende alarmas es la baja producción ganadera que arrastra Argentina en los últimos años, producto de ciclos de sequía, liquidación de vientres y menor inversión. Algunos analistas plantean que, si se abre con fuerza la exportación a Estados Unidos, podría darse una competencia entre el mercado externo y el interno.

Sin embargo, especialistas consultados por el sector coinciden en que ese impacto no sería uniforme. No todos los cortes que se exportan son los que más consume el argentino medio. El asado, la falda, la paleta o la carne para milanesas suelen ubicarse en segmentos distintos a los cortes premium que suelen demandar los países desarrollados.

En otras palabras, es probable que la presión de precios se concentre en los cortes de mayor calidad y en algunos productos específicos de exportación. Para el consumo masivo, la clave seguirá siendo la oferta total de hacienda y el nivel de ingreso de los hogares.

Impacto en precios y en las góndolas locales

La experiencia reciente con otros mercados, como China y la Unión Europea, muestra que cuando crece la exportación, los frigoríficos tienden a destinar al exterior los cortes mejor remunerados, mientras que el resto queda para la plaza local. De todos modos, un aumento de la demanda global suele trasladarse, al menos en parte, a los precios internos.

Economistas del sector agropecuario advierten que, con una oferta ganadera ajustada, cualquier apertura significativa de exportaciones puede generar mayor tensión sobre los valores en carnicerías y supermercados. El efecto podría sentirse especialmente en los barrios populares, donde el consumo de carne vacuna ya viene retrocediendo y es reemplazado por pollo o cerdo.

Para intentar amortiguar el impacto, el Gobierno suele apelar a esquemas de acuerdos de precios y programas de cortes a valores de referencia. Sin embargo, su alcance es limitado y depende de la voluntad de frigoríficos y cadenas de supermercados de adherir y sostener esos compromisos en el tiempo.

Oportunidad para el sector y desafíos para el consumo interno

La apertura de Estados Unidos también se lee como una ventana de oportunidad para reposicionar la carne argentina en el mundo, con certificaciones sanitarias y de calidad que puedan luego aprovecharse en otros destinos. Un mayor flujo de exportaciones podría impulsar inversiones en frigoríficos, empleo formal y generación de divisas.

El desafío, subrayan los analistas, estará en equilibrar la balanza entre el negocio exportador y el abastecimiento interno. Argentina sigue siendo uno de los países con mayor consumo de carne vacuna por habitante, aunque en los últimos años se ubicó por debajo de los 50 kilos anuales, lejos de los picos históricos.

El comportamiento de los precios en los próximos meses dependerá de cómo evolucione la producción ganadera, del tipo de cambio, de la inflación y del poder adquisitivo de los salarios. Mientras tanto, el asado de los fines de semana y las milanesas seguirán siendo el termómetro más directo de lo que pasa en el mostrador.

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