Descubren en Argentina al dinosaurio más pequeño del mundo

Un equipo internacional de paleontólogos identificó en la Patagonia los restos del que sería el dinosaurio más pequeño conocido hasta ahora, un animal diminuto que no superaba los 30 centímetros de altura y que reabre el debate sobre la diversidad de especies en la era de los gigantes.

Según los primeros informes científicos, los especialistas lograron identificar 350 huesos fósiles que corresponden al menos a seis ejemplares distintos, desde crías hasta adultos. Los restos habrían formado parte de una pequeña manada que se desplazaba junta, algo poco frecuente en especies de este tamaño.

El dinosaurio medía menos de 30 centímetros de altura, similar a una botella de medio litro o a un ave mediana. Esa escala lo ubica muy lejos de los grandes saurópodos patagónicos y refuerza la idea de que el paisaje del Cretácico estaba habitado no solo por colosos, sino también por animales diminutos que ocupaban nichos específicos.

Aunque el nombre formal de la especie aún se encuentra en proceso de revisión, los investigadores adelantaron que se trata de un dinosaurio bípedo, liviano y muy ágil, probablemente insectívoro u omnívoro. Su estructura ósea, con huesos finos y livianos, lo habría ayudado a moverse con rapidez para escapar de depredadores más grandes.

Cómo se reconstruyó la vida de este mini dinosaurio

La investigación se apoyó en estudios comparativos con otros fósiles hallados en la región y en técnicas modernas de escaneo 3D. A partir de la disposición de los huesos, los científicos pudieron inferir que estos animales convivían en grupos, lo que sugiere algún tipo de comportamiento social básico, posiblemente para proteger a las crías.

Los paleontólogos remarcan que este tipo de hallazgos permite reconstruir mejor la cadena trófica de los ecosistemas prehistóricos. Los dinosaurios pequeños habrían cumplido un rol clave en el control de insectos y otros invertebrados, además de servir como presa para depredadores medianos y grandes.

En los últimos años, la Patagonia argentina se consolidó como una de las regiones más importantes del mundo para el estudio de dinosaurios. A cada temporada de excavación se suman nuevas especies, algunas de ellas colosales y otras, como en este caso, de dimensiones mínimas pero de enorme valor científico.

El equipo de investigación continuará con el análisis de laboratorio para determinar con mayor precisión la edad de los fósiles y su posición dentro del árbol evolutivo de los dinosaurios. También se proyectan futuras campañas en la zona para buscar más restos que permitan completar el esqueleto y entender mejor su anatomía.

Para la comunidad científica, este descubrimiento es una nueva pieza en el rompecabezas de la vida prehistórica en Sudamérica y, al mismo tiempo, una oportunidad para acercar la paleontología al público general a través de exhibiciones en museos, charlas y material educativo.

Un hallazgo que también impulsa el turismo científico

Más allá del impacto académico, este tipo de noticias suele potenciar el turismo paleontológico en la región patagónica, donde ya funcionan circuitos y museos dedicados a los dinosaurios. Las autoridades locales esperan que el interés por este pequeño animal atraiga a visitantes y refuerce la identidad científica de la zona.

Con cada nuevo fósil que sale a la luz, se confirma que gran parte de la historia de los dinosaurios sigue enterrada bajo el suelo argentino, a la espera de ser contada. Y, en este caso, la protagonista no es una bestia gigantesca, sino un diminuto dinosaurio que desafía lo que creíamos saber sobre el tamaño de estos antiguos habitantes del planeta.

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