Los últimos movimientos en la Casa Rosada y en la oposición muestran que la dirigencia ya mira la disputa por la Presidencia en 2027.

Aunque todavía falta para las próximas elecciones presidenciales, en el oficialismo y la oposición reconocen que el escenario electoral de 2027 ya empezó a tomar forma. Actos masivos, disputas internas por cargos clave y recorridas de dirigentes por el interior adelantan una campaña que se cocina a fuego lento.
En el Gobierno, los cambios en áreas sensibles se leen como parte de un reordenamiento para consolidar poder político. La figura de Javier Milei y de su círculo de máxima confianza intenta capitalizar la gestión económica mientras calibra alianzas con gobernadores e intendentes.
En paralelo, los ministerios con fuerte impacto territorial refuerzan su presencia en provincias clave, con anuncios de obras, visitas y mesas políticas que apuntan a sostener la base de apoyo social frente al ajuste.
Reacomodamientos internos y disputa por liderazgos
La oposición tampoco se queda quieta. Espacios que integraron el último Gobierno y fuerzas tradicionales ensayan nuevas coaliciones, mesas de diálogo y lanzamientos sectoriales, a la espera de que se ordene el mapa de candidaturas.
En el peronismo conviven sectores que apuestan a la confrontación frontal con la Casa Rosada y otros que privilegian el armado territorial, con intendentes y gobernadores como anclaje. Del lado de Unidos, o lo que queda de esa marca, las diferencias internas por la estrategia frente al oficialismo siguen abiertas.
En este contexto, los dirigentes con mayor nivel de conocimiento público sostienen una agenda intensa de medios, redes y giras. Cada aparición, cada foto compartida y cada mensaje en redes se lee como un guiño a una posible candidatura, aun cuando públicamente se niegue hablar de 2027.
Territorio, encuestas y dilemas económicos
El despliegue territorial se volvió una prioridad. Los equipos de campaña adelantan relevamientos en grandes centros urbanos y en el interior profundo, buscando medir cómo pegan la inflación, el empleo y la inseguridad en el humor social.
En paralelo, las consultoras de opinión pública trabajan sobre distintos escenarios electorales, con simulaciones de balotaje y niveles de rechazo por figura. Aunque nadie confía ciegamente en esos números, sirven para ordenar estrategias y decidir dónde concentrar recursos.
La economía aparece como el gran condicionante del próximo turno electoral. Una eventual estabilización, con baja de la inflación y algo de recuperación del salario, podría fortalecer al oficialismo. Por el contrario, una crisis prolongada abriría margen para que la oposición capitalice el descontento y empuje una renovación más profunda.
Mientras tanto, la ciudadanía asiste a este movimiento permanente en clave de expectativa y cautela. Los próximos meses serán decisivos para saber si estos reacomodamientos derivan en nuevos liderazgos o en una reedición de las viejas disputas que marcaron la política argentina en la última década.



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